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Wuhan hoy, el espejo para España dentro de dos meses

La vuelta a la normalidad en China, lenta y con mucho control para impedir rebrotes, el ejemplo a seguir para otros países

Hace dos meses, Wuhan era lo más parecido que había al infierno en la Tierra: los hospitales estaban desbordados, la ciudad y su provincia de Hubei llevaban dos semanas cerradas, las cifras de contagiados y fallecidos por el coronavirus subían cada día y no se veía el final a la pesadilla. Más o menos como ahora en España. Ayer, grupos de jóvenes con sus mejores galas desfilaban por la calle Han, muy popular por sus tiendas y puestos de té, pinchitos y helados, que ya están reabriendo.

Pero el cambio no ha sido de la noche a la mañana. Tras controlar la epidemia, esta ciudad de once millones de habitantes va recobrando la normalidad, aunque lentamente y con muchos controles y restricciones para que no haya rebrotes. Tanto por la tragedia como por su recuperación, Wuhan es el espejo en el que España, y el resto de países azotados por el coronavirus, podrán mirarse en dos meses. Como ya se está viendo en China, atajar la epidemia no es el final de la guerra, sino el comienzo de una nueva batalla.

Control sobre la población

La lucha consiste en reactivar la economía, hundida tras su paralización, sin que el regreso de la actividad en fábricas, oficinas y comercios desate un nuevo brote. Con su avanzada tecnología y la omnipresencia del Partido Comunista, el «Gran Hermano» chino aprovecha el control sobre su población para vigilar la salud y los movimientos de cada ciudadano.

Tanto en Wuhan como en el resto del país, para usar los transportes públicos y entrar en las tiendas hace falta tener en el móvil un código QR en verde que, generado por las populares aplicaciones WeChat y Alipay, registra los movimientos de cada persona y si ha estado enfermo o en contacto con pacientes de Covid-19. Aunque la aplicación de las normas es más o menos flexible dependiendo de cada ciudad, dicho código aparecerá en rojo cuando alguien viaje a otro lugar, lo que significa que deberá guardar una cuarentena de dos semanas para demostrar que está sano. A modo de semáforo, el QR verde garantiza el acceso al metro, el autobús, las oficinas y los centros comerciales, registrando los pasos de cada persona y permitiendo su geolocalización en caso de que surja un rebrote.

Para acceder a zonas comerciales y oficinas, se escanea el código QR de una aplicación que recoge la salud y movimientos del usuario
Para acceder a zonas comerciales y oficinas, se escanea el código QR de una aplicación que recoge la salud y movimientos del usuario – PABLO M. DÍEZ

Como dicho código no funciona para los extranjeros en Hubei, este corresponsal ha de moverse con un certificado del comité vecinal del lugar de residencia acreditando el tiempo que lleva allí. Así pudimos llegar en tren a Wuhan y tomar el metro, donde guardias de seguridad hacen una foto del documento y apuntan en un registro el nombre, el número de pasaporte, el móvil y hasta la estación de destino.

La vida se abre camino

Para entrar en cualquier sitio público o edificio de viviendas, hay controles de temperatura con termómetros electrónicos en forma de pistola que llevan a cabo guardias y porteros pertrechados con monos blancos de protección, otra de las imágenes habituales de esta pandemia. Pero ni su presencia fantasmagórica ni el miedo a la enfermedad impiden que la vida siga abriéndose camino. «Es el primer día que salgo después de dos meses de confinamiento y estoy muy contenta de respirar aire fresco», nos cuenta Shelley, una veinteañera estudiante de Inglés, en un puesto de «té de burbujas». Tanto ella como sus amigas llevan mascarillas, obligatorias en China para no propagar la epidemia. Y más ahora que los asintomáticos son también contabilizados porque nuevos estudios han demostrado que pueden transmitir la enfermedad.

Bajo estas medidas de seguridad, las tiendas de Wuhan reabren y ofrecen descuentos de hasta el 50% para atraer a los clientes. Pero los restaurantes y cafeterías siguen sirviendo solo pedidos para llevar y algunos locales únicamente atienden en la puerta.

A pesar de los inconvenientes de esta nueva normalidad, en las calles se nota la alegría tras la tragedia que ha asolado Wuhan. «La vida es muy conveniente aquí y todas nuestras necesidades pueden ser satisfechas por el Gobierno», explica Wong Zijian, un estudiante de Medicina de 24 años, con orgullo patriótico por el sacrificio de los sanitarios. Al anochecer, los rascacielos a orillas del Yangtsé se iluminan con mensajes de ánimo: «¡Gracias, Wuhan! ¡Saludos a los médicos y la gente que se ha enfrentado al peligro! ¡China gana!». Lo que pasa ahora en Wuhan, ocurrirá en España en dos meses.

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