HomeBarrido CríticoVisto para sentencia el juicio del ‘procés’: «No agraven la crisis política.» tono amenazante al tribunal de los politicos presos

Visto para sentencia el juicio del ‘procés’: «No agraven la crisis política.» tono amenazante al tribunal de los politicos presos

Sobrevolando los discursos se oía una velada amenaza. Cuidado con lo que deciden ustedes, que la cosa puede ponerse peor

«Visto para sentencia». Manuel Marchena pronunció esas tres palabras a las siete de la tarde del miércoles 12 de junio. El juicio del ‘procés’ ya es historia. Historia viva de España. Antes del final, los 12 políticos acusados tuvieron una última oportunidad de dirigirse a la sala, de arañar, en unos minutos, una ventana al exterior: una justificación, una explicación, una reivindicación. Los dedicaron a recordar que esto, todo esto, llámese conflicto, problema, llámese Cataluña, no se soluciona en el terreno judicial. Se arregla en el político. Sobrevolando su discurso se oía una velada amenaza. Cuidado con lo que deciden ustedes que la cosa puede ponerse peor.

El recordatorio fue constante. Machacón incluso. De Oriol Junqueras a Santi Vila. Cada uno fue aportando un pequeño granito en la montaña de arena de la presión al tribunal. A veces más sutil, a veces más directa. Jordi Sànchez fue el más contundente. Deseó a los siete magistrados «llum als ulls i força al braç». «No me gustaría estar en su piel«. «Vaya problema que se les ha venido encima». «Tienen la oportunidad de no agravar la crisis política». Ahí queda eso, señores magistrados. Para que lo digieran.

El que más y el que menos lanzó un discurso similar. Junqueras. Directo al tribunal. «Les han pasado a la responsabilidad de dictar sentencia. Lo mejor para todos sería devolver la cuestión a la política, la buena política, al terreno de la negociación, el diálogo y el acuerdo». Romeva. «En este banquillo no estamos sentadas 12 personas sino dos millones que se sienten concernidas con lo que ha pasado y con la decisión que ustedes van a adoptar y esperan que sea valiente». Rull. «Una sentencia condenatoria no va a impedir que les deje la dignidad de haber defendido unas ideas legítimas y nobles». Turull. «Descabezándonos a nosotros, no se va a descabezar el independentismo» ni se va a impedir que los ciudadanos catalanes puedan «decidir su futuro político».

Una de las que más claro lo dijeron fue Dolors Bassa. «Su sentencia no será nada más sobre mi libertad, sino sobre la libertad en mayúsculas de muchas generaciones». Así, uno detrás de otro. Todos. Incluso Santi Vila, al que no escuchó Quim Torra, presente en la sala, porque salió a una providencial visita al servicio de caballeros. «Estamos ante una encrucijada y entronca con la peor de nuestras tradiciones o con la mejor, que es la libertad que arrancó con las Cortes de Cádiz. Tengo plena confianza en la Justicia y en el tribunal, y espero que forme parte de la solución», dijo.

El soniquete. Hubo otros dos. Solución, pero política, y urnas sí o sí. Como algo irrenunciable. Sorprendió aquí Jordi Cuixart, imbuido del espíritu de Nelson Mandela. No se arrepiente. Lo volvería a hacer. Llamó incluso a la movilización permanente. Consciente de que en Barcelona, en pantallas gigantes colocadas por Òmnium Cultural en plaza Cataluña, se seguían sus gestos, se le jaleaba. Cuando dijo: «Yo soy un preso político. Después de 500 días de cárcel, mi prioridad ya no es salir de prisión. Mi prioridad es poder denunciar el ataque y la vulneración de derechos y libertades que hay en Cataluña y en el conjunto del Estado español», la plaza estalló.

  Y volvió también el ‘votarem‘. «Hay una mayoría que lo quiere. La mayoría en Cataluña conseguirá abrir una puerta con una urna. La urna no es el instrumento de ningún golpe de Estado. En Cataluña habrá urnas, y lo haremos con acuerdo con el Gobierno español, votaremos qué queremos ser de mayores. Quizá yo no veré la independencia de mi país, pero espero ver que ese acuerdo llegue», dijo Jordi Sànchez. De cara a la calle.

También dentro, emoción auténtica. Turull y Borràs tuvieron que parar para coger aire y beber agua. Cuando recordaban a sus familias. Varios abogados, lo mismo. Jordi Pina tuvo que quitarse sus características gafas.

«Muchísimas gracias. Visto para sentencia», cerró Marchena. La sala ya está vacía. Comienza la deliberación.

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