HomeActualidadUna aseguradora indemniza como accidente el suicidio de un hombre que saltó al vacío

Una aseguradora indemniza como accidente el suicidio de un hombre que saltó al vacío

LA ABOGADA DEFENDIÓ QUE NO FUE «VOLUNTARIO»

Una aseguradora acaba de indemnizar la muerte de un hombre que una mañana después de desayunar saltó al vacío en Alicante

AUTOR. BRAULIO GARCÍA JAÉN (Foto: Raúl Barrero)

Los suicidios no siempre son voluntarios. Una aseguradora acaba de indemnizar la muerte de un hombre que una mañana después de desayunar saltó al vacío en Alicante. En un principio, la compañía se negó, como suele ser habitual, a abonar la prima del seguro alegando que el suicidio estaba excluido de la cobertura por accidentes. Pero la abogada de la viuda defendió que no había sido “voluntario y consciente”, sino que una serie de factores, casi todos derivados de un erróneo tratamiento antidepresivo, habían precipitado la muerte. La compañía ha indemnizado con 40.000 euros a la viuda y evita así una sentencia que habría recaído en un asunto crucial, aunque apenas explorado jurisprudencialmente. El suicidio es la primera causa de muerte violenta en España.

Aparentemente, la conclusión de la autopsia no dejaba lugar a dudas: “La muerte es de origen violento y de etiología legal suicida”. Pero la historia de cómo José, una persona vital y sin antecedentes depresivos, había acabado defenestrado desde la octava planta de un edificio con vistas al mar difería diametralmente si la versión era de la familia o de la compañía con la que él mismo había contratado el seguro seis años antes. La ley solo exime automáticamente a las compañías de indemnizar las muertes por suicidio durante el primer año tras la contratación. Aun así, la aseguradora, Chubb European Group Limited, defendía que “se trató de una precipitación voluntaria” y, por tanto, excluida de la cobertura.

Entre las pruebas, destaca un informe forense sobre el perfil biográfico del difunto que subraya la falta de “antecedentes de patología psiquiátrica”

Todo lo contrario a lo que sostuvo la abogada de la familia, Celia Carbonell: “No estamos ante un suicidio voluntario y consciente”, afirmaba su demanda. Después de que la abogada anunciara los medios de prueba en la audiencia previa, la compañía ofreció indemnizar el 80% de la prima para evitar el juicio. Entre las pruebas, destaca un informe forense sobre el perfil biográfico del difunto que subraya la falta de “antecedentes de patología psiquiátrica”, la muy cuestionable atención sanitaria que acompañó al tratamiento e incluso los potenciales efectos adversos del antidepresivo que le recetaron. Según la abogada, fueron esas circunstancias, y no la voluntad del paciente, lo que precipitó su muerte.

José, casado y padre de cuatro hijos, tenía 67 años y se acababa de jubilar en la primavera de 2017. La jubilación le había despertado algunas preocupaciones. Al fin y al cabo, dejaba una pequeña empresa que él había creado y en la que seguían trabajando algunos familiares. La situación económica general no le parecía tan boyante como la ‘salida de la crisis’ rotula oficialmente. Pero nada excesivamente grave, si acaso el insomnio. Y por eso fue al médico de cabecera: porque quería dormir mejor. Su médico no estaba. Y un sustituto le recetó un antidepresivo (Paroxetina) y un ansiolítico (Lormetazepan). El insomnio se agravó.

Sin “antecedentes de patología psiquiátrica”, empezó a experimentar un deterioro mental y físico que inquietó a su familia tanto como a él

Y aparecieron otros síntomas: el peor de todos, los temblores. José, “una persona vital”, según el informe forense, sin “antecedentes de patología psiquiátrica”, empezó a experimentar un deterioro mental y físico —perdió “15 kilos en apenas semanas”— que inquietó a su familia tanto como a él. “Empezaron a venirle problemas que no existían, pero que para él sí eran reales”, cuenta su viuda, María, dos años después, en casa de una amiga en Alicante.

Aparecieron las ideas suicidas. “Me decía, a mí las pastillas no me están haciendo bien. Había dejado de trabajar, pero entonces no se le quitaba de la cabeza que el negocio iba a ir mal”, añade su viuda. De vuelta al centro de salud, esta vez su médico de cabecera le sustituyó el Lormetazepan por Orfidal, otro ansiolítico, y le conminó a esperar unas semanas a que el tratamiento hiciera efecto.

Pero no mejoró. Coincidiendo con un viaje de su mujer, un viernes por la noche José ingirió de golpe más de 30 pastillas de Orfidal y se acostó a dormir. El domingo, cuando llegó su hijo a la casa, el perro estaba junto a la cancela. La casa estaba cerrada a cal y canto. Con ayuda de los bomberos y la policía, consiguió entrar: uno de los armarios estaba caído y su padre inconsciente. En el hospital lo reanimaron y le dieron el alta a las pocas horas, sin indicar a la familia la posibilidad, habitual, de que volviera a intentarlo. Tampoco le indicaron “terapia ni abordaje para ideación suicida”, según el informe forense.

María, la viuda de José. (Foto: Raúl Barrero)
                                                                                                        María, la viuda de José. (Foto: Raúl Barrero)

A su vuelta, María lo encontró deteriorado. Atrás habían quedado las ganas de vivir de las que había hecho gala toda su vida. La idea de cambiar de coche, los planes para viajar… Todo se interrumpió un día de principios de verano de 2017. Después de desayunar juntos en el apartamento de la playa, él le dijo que iba a salir al rellano —“el piso era muy pequeñito”— para estirar las piernas, que le temblaban. No quiso que su mujer cerrara la puerta: “Voy y vengo”, le dijo. Cuando ella salió al rellano, se asomó a la ventana que da a la escalera exterior y lo vio “abajo”.

En 2017 murieron en España 3.679 personas por suicidio, según los datos del Instituto Nacional de Estadística. En los casos en los que el fallecido tiene contratado un seguro de vida o de accidentes, las compañías a menudo tratan de ahorrarse el abono de la prima alegando que se trata de una muerte voluntaria. Sin embargo, “no está nada claro que la voluntad sea una voluntad plena”, asegura un abogado y catedrático experto en el sector de los seguros. “Es una voluntad que, digamos, está ética, biológica y psicológicamente muy debatida”, añade.

“Las aseguradoras suelen recurrir a la omisión dolosa de enfermedades preexistentes”, explica el abogado, que prefiere el anonimato. En el caso de José, la exclusión del suicidio de la cobertura aparecía en una cláusula. Pero, según la demanda, su inclusión no respetaba las condiciones legales exigibles en estos casos: que aparezca destacada y expresamente aceptada por el asegurado.

«Fue a raíz de empezar a tomar la medicación cuando perdió el brillo en la mirada. A veces lo mirabas y era como que no estaba él dentro»

La aseguradora, que no ha querido comentar esta información, siguió cobrando los recibos a la viuda, advirtiéndole de que sería incluida en un listado de morosos si no los pagaba. Finalmente, el seguro, comercializado por Endesa SA, pero propiedad de Chubb European Group Limited, ha abonado el 80% del total de los 50.000 euros de la prima contratada.

María tiene como fondo de pantalla del móvil una foto de su marido. José aparece en primer plano, sonriente, con media melena y barba canosa, aparentando bastantes años menos de los sesenta y tantos que ya tenía, y su gesto recuerda al actor Jeff Bridges, el Nota de ‘El gran Lebowski’. “Mi marido fue a raíz de empezar a tomar la medicación cuando perdió el brillo en la mirada. A veces lo mirabas y era como que no estaba él dentro. Había desaparecido”, dice. De momento, María ha querido contar su historia sin apellidos. Eso queda para “cuando recupere fuerzas”.

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