HomeActualidadUn millón de euros por las cintas del crimen de Alcàsser (que nadie va a cobrar nunca)

Un millón de euros por las cintas del crimen de Alcàsser (que nadie va a cobrar nunca)

¿Cómo surgió la teoría (falsa) de que las niñas de Alcásser fueron asesinadas por hombres poderosos en una ‘snuff movie’? Historia oculta de una venganza y un oportunista

Es uno de los días más negros de la historia de la televisión en España. 29 de enero de 1997, cuatro años después de la aparición de los cuerpos de las niñas de Alcàsser. Fernando García, padre de una de las niñas, y Juan Ignacio Blanco, periodista y criminólogo, sueltan la bomba en un programa de televisión (‘Esta noche cruzamos el Mississippi’’, presentado por Pepe Navarro): los autores del crimen de Alcàsser no serían Anglés y Ricart, sino tres hombres poderosos vinculados al PSOE y dedicados a grabar ‘snuff movies’: Alfonso Calvé, psiquiatra y ex gobernador civil de Alicante; José Luis Bermúdez de Castro, produc­tor de cine, y Luis Solana, ex pre­sidente de Telefónica.

«[Calvé, Solana y Bermúdez de Castro] forman parte de un conocido clan, el Clan de la Moraleja, que no solamente está implicado desgraciadamente en este tipo de asuntos turbios, sino en bastantes más: tanto el señor Calvé como el señor Solana están investigados por la desaparición de dos toneladas de cocaína«. Lo dijo Juan Ignacio Blanco ese día, y se quedó tan ancho, igual que sostendría luego haber visto la cinta del crimen de Alcàsser y conservar una copia en casa.

No importó que el programa de Pepe Navarro se disculpara luego, tampoco la amenaza de querellas, la teoría de la conspiración ya estaba lanzada y nadie iba a poder pararla. Llegados a 2019, el reto quizá no sea tanto demostrar que las acusaciones de Blanco y García eran disparatadas, sino entender por qué dos décadas después seguimos intentando desmentir la conspiración (en vano).

La nueva serie de Netflix sobre Alcàsser —que no es conspiratoria— ha resucitado el caso. Por un lado, muchos millennials lo han conocido por primera vez; por el otro, la teoría de la conspiración ha encontrado un nuevo nicho: el internet de las redes sociales y las audiencias digitales.

«Más que indignado por el regreso de la conspiración, lo que estoy es muy cansado de Alcàsser. Llevo 25 años tratando de desmentir los bulos de la teoría de la conspiración, pero parece que no hay manera de acabar con ellos», cuenta Luis Miguel Montero, periodista de ‘El cierre digital’, uno de los primeros en desmontar la conspiranoia.

En mayo de 1997, Montero publicó en ‘Interviú’ una investigación donde desveló quién estaba detrás de la teoría de las ‘snuff movies’. Atentos…

Pelotazo inmobiliario

Tras la emisión del programa de Pepe Navarro, Calvé, Solana y De Castro decidieron no salir en tromba a desmentir las acusaciones para no ejercer de altavoces involuntarios, pero hablaron entre ellos para intentar atar cabos. Acabaron yendo a los tribunales con un nombre subrayado en rojo: Ángel Sopeña, ex socio de Solana, Calvé y De Castro en diversos negocios y pelotazos inmobiliarios. Bermúdez de Castro y Calvé habían comprado un edificio (el antiguo Instituto de Ciencias Neurológicas en la madrileña Avenida del Valle) para montar una clínica. Lo vendieron más tarde por una millonada, pero Sopeña solo vio una pequeña parte del dinero; según él, sus socios le habían engañado. Según sus socios, el resentimiento de Sopeña le llevó a urdir una descabellada teoría conspiratoria para enfangarles a todos.

Para acabar de rematar el cuadro vengativo, Sopeña sospechaba que su mujer le había puesto los cuernos con Bermúdez de Castro.

Juan Ignacio Blanco admitiría luego lo siguiente ante un juez: tras su rajada en el programa de Pepe Navarro, le llamó un hermano de Ángel Sopeña para abroncarle: «Me dijo que cómo había hecho caso a su hermano, que si estaba loco por decir en televisión lo que había comentado su hermano. Ya que al parecer Ángel Sopeña había perdido una clínica» a manos de Bermúdez de Castro y Calvé.

Y ahora un dato absolutamente maravilloso: meses antes de que Blanco y García perpetraran la teoría conspirativa en el Mississippi, Alejandro Amenábar había estrenado ‘Tesis’, thriller sobre una oscura trama de ‘snuff movies’. No sabemos si Sopeña vio ‘Tesis’ y echó a volar su imaginación, lo que sí sabemos es que parte del filme de Amenábar se rodó en un chalet de Puerta de Hierro que había sido propiedad de… Ángel Sopeña. Increíble, pero cierto.

El otro filtrador de la conspiración fue el empresario Moisés Domínguez, quellevaba tiempo cuchicheando barbaridades sobre Calvé a diversos periodistas. ¿Sus motivos? Probablemente un ajuste de cuentas entre facciones policiales. Calvé había sido subdirector general de la policía en tiempos de Felipe González. La presunta existencia del Clan de la Moraleja llegó a Moisés Domínguez —o eso decía él— a través del comisario Alberto Elías, exjefe de los servicios de información de la policía, muerto en octubre de 1993.

Entre Calvé y Domínguez calentaron las orejas de García y Blanco con historias truculentas. Les aseguraron que Calvé era el psiquiatra de Felipe González (también falso), que Calvé había ideado una terapia sexual de choque para altos cargos socialistas estresados por las acusaciones de corrupción. La terapia consistía en grabar ‘snuff movies’ en las que torturaban, violaban y asesinaban niñas. Sí, no parece el mejor método para acabar con el estrés, pero maestros tiene la santa madre iglesia de la conspiración.

«El rumor continuaría redefiniéndose con los años… Una supuesta práctica antiestrés para altos cargos socialistas. Según esto, Calvé planificaba orgías de sexo violento con sus amigos del PSOE para aligerar la presión que sufrían. Se llegó a relacionar con estas prácticas nada más y nada menos que a Felipe González. Las agobiantes acusaciones de corrupción y terrorismo de Estado, que habían afectado a González y la cúpula de Interior, facilitaban la vinculación popular de los políticos socialistas con cualquier tipo de actividad delictiva sin que, de entrada, esto se considerara imposible. Así, del mismo modo que se insinuaba que González podría estar detrás del grupo terrorista GAL, también podía estar implicado en el crimen de Alcàsser. Algunas de las mayores acusaciones de corrupción referidas manchaban a Luis Roldán, Rafael Vera y José Luis Corcuera; cargos socialistas que habían estado al frente de la Guardia Civil y de Interior en la época de la desaparición de las tres adolescentes de Alcàsser. El hecho propició que tomara cuerpo la conexión PSOE-Alcàsser, con Calvé como principal nudo de unión», cuentaJoan Manuel Oleaque en su clásico libro sobre el triple crimen: ‘Desde las tinieblas’.

«Las televisiones privadas habían empezado a emitir poco antes y se pegaban entre ellas por los sucesos, era el vale todo», recuerda Luis Miguel Montero.

El chivato

Es lógico que los nacidos en los noventa se hayan quedado de piedra al ver a Juan Ignacio Blanco diciendo en Netflix que tiene en casa la ‘snuff movie’ de Alcàsser. Como el criminólogo murió hace pocos días, no podemos preguntarle por la cinta, lo que sí podemos contar es que Blanco ha dado múltiples versiones del contenido del vídeo. Unos días decía que en la cinta solo aparecía una de las niñas de Alcàsser, otros que aparecían dos de las niñas, además de contar historias diferentes (y contradictorias entre sí) sobre cómo actuaban los torturadores durante la filmación. Sí, todos nos equivocamos, pero lo de Juan Ignacio Blanco quizá sea algo más grave que un problema de memoria…

Informa Erik Encinas.

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