HomeEntrevista«Surfear la ola del Compromis-o puede ser peligroso para la libertad de expresión»

«Surfear la ola del Compromis-o puede ser peligroso para la libertad de expresión»

Anclar los principios a una ideología es lo deseable. Está claro que la gente es diversa por necesidad. De expresar las diferentes variantes de pensar, obrar, sentir. Y es por eso que es lícito la realidad plural, de la que la prensa debe hacerse eco. Y eso sería lo justo. El problema está cuando el asidero a la teoría se desanuda en beneficio del éxito más inmediato. Y es en ese punto donde confluye el peligro para la sociedad. La actual, de la denominada posmodernidad.

Se suponía que el Bloc Valenciá era aliado de la antigua (y extinta) Convergencia. Y aliada de los vascos del PNV. Un partido, en principio, de corte centrista, liberal, desde una óptica nacional valenciana. Eso es legítimo, para quien quiera ese discurso y esa óptica. Otra cosa es el efecto Oltra, que ha venido después, que ha canibalizado la marca, con una envolvente en el marco más elevado de Compromis. Un sesgo que ha venido acompañado de una nacionalización hacia el eje de la izquierda y acercar a una de las necesidades partidistas del centro sobre el todo. Podemos se nutre de fuerzas ajenas en las denominadas mareas, y en Valencia es naranja. Como se ha visto en esta legislatura en el Consell. Y que choca diréctamente con sus principios inspiradores. O debiera ser.

Si uno piensa en clave valenciana debe primar el contenido, el qué, sobre el quien. Y ante todo ser transparente, contar siempre lo que se quiere hacer y adonde se quiere llegar. Esto es, si se quiere hacer política en Madrid, hacerla sea quien sea tu interlocutor, pues este es el Gobierno de España. Si la confluencia con Podemos impide siquiera la conversación, no ya la negociación y el acuerdo, con la mitad del espectro político, quien pierde, es, fundamentalmente, el votante de Compromis, y el pueblo de Valencia, sobre la base de la concepción original de ser una fuerza para el pueblo valenciano. Y eso debiera ser preocupante, sobre todo para quienes esperen algo de esta fuerza política.

Bajando a la arena del día a día, está claro que confluyen, como no puede ser de otra manera, gentes diversas, en ámbito municipal, provincial o autonómico, pero no puede dejarse el asunto al albur de decisiones particulares. La estructura es fundamental. Tanto que debiera estar meridíanamente clara la forma de organización, cosa que en Compromis está al albur de negociaciones puntuales para cada proceso, y a la fuerza negociadora de cada sector en un momento determinado. Y eso configura, junto al hecho de mezclar una realidad presuntamente valenciana, sin aditivos, junto a otra formación franquiciada, con sede y mando en plaza en la calle Princesa de Madrid, un extraño elemento, permeable a influencias externas. Y que está de moda hoy día más que las fake news, tras el Brexit y Donald Trump?

Si algo debe pedirse a las personas funcionarias o con contrato laboral de la administración es su neutralidad política. Ser cauces que no juzguen si lo que transportan sus cañerías es agua, horchata o zumo de naranja. Ver a una periodista del muy noble ayuntamiento de Calp entrar al trapo de quien es periodista o no, es un espectáculo muy poco edificante. Tanto como ver a un concejal introduciendo una presunta moción de urgencia, pues lo hizo con el plazo vencido, en torno a un debate que nunca gusta al periodista. Ser noticia. La noticia es lo que sucede, el periodista nunca busca ser protagonista. Meter a un medio de comunicación en el tablero político, a quien debe transmitir a la sociedad lo que sucede, es un grave error. Tanto como quien como una amura rota, antes atada a un muelle, ve como el barco discurre a la deriva, apercibido por los vientos dominantes. Y ese es su barco, señor concejal. Que sabe perfectamente en que aguas navega, y que funcionarios tienen, no siempre cumpliendo el sano motivo de la escrupulosa objetividad en lo político. Que se le va a hacer. Dirán. Pues ponerle remedio, eso es lo que toca.

El sistema de prensa libre está para garantizar que cualquiera pueda contar lo que sucede, si tiene medios para hacerlo posible. Y nunca conviene prejuzgar. Hay grandes empresas que se crearon en un garaje. Unas nunca salieron de el, es cierto, pero otras llegaron a cotizar alto en el índice de empresas tecnológicas de Nueva York, en el conocido Nasdaq. Es por ello que hay que hacer uso de la neutralidad. O del velo de ignorancia. Sin prejuicios, mucho mejor. Y tratar a todos por igual, siempre que se adapten al periodismo las famosas normas del marqués de Queensberry. Eso sí, esto no es boxeo. No debiera serlo. Esto es transmitir los hechos a la sociedad, y que esta se haga su composición de lugar. Eso es lo que toca, cada cual en su papel. Formar e informar. Y los políticos, los responsables electos, cumplir su papel en la transformación de la sociedad hacia horizontes mejores, en base al mandato imperativo. O algo así, esto es, que exista un vínculo entre el elector y el electo, y que su programa electoral sea para ser cumplido, como si hubiera sido firmado ante notario. Y como eso la vigente constitución lo prohíbe, la sociedad sólo puede contar con una prensa libre y veraz como herramienta para ejercer de puente entre esas esferas. Y que la gente valore si se la tiene en cuenta, o se la toma por el pito de un sereno. Es lo justo.

Tener las ideas claras, saber de donde uno viene y a donde uno quiere ir. Fundamental. Y con esa base hay que comprender que la crítica política es sana y saludable. Pero no disparen al pianista. Eso es salirse del guión. Cada cual hace, dentro de lo que permite la ley, lo que puede para sobrevivir en un mundo hostil, es cierto, pero si cada cual cumple con su papel, el que le corresponde, el que se supone que se tiene ajustado, en sus principios y valores, se irá a ejercer el papel que la sociedad quiere de cada uno de nosotros y en ese escenario será más fácil que el progreso, la tranquilidad y la paz fluyan para engrasar una convivencia que nunca se salga de sus ejes fundamentales. Ténganlo en cuenta, cuando naveguen por redes sociales, en su página web favorita, en estas páginas, que la libertad no es gratis, y puede tener un coste, y es la falacia, pudiendo ser el ab-hominem, una de las más usuales. Pretender matar al mensajero. Y eso, es un ataque, indirecto, a usted, lector. Quiere saber, y tiene derecho. Y aún a pesar de estar en este escenario de posmodernidad, la verdad prevalecerá. Y todo el mundo será testigo. Palabra.

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