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«RUTAS» Descubre en coche los pueblos de costa con más encanto de la Comunitat Valenciana

Desde Peñíscola a Altea, recorremos 300 kilómetros junto al mar para descubrir rincones inolvidables

Los días más largos y las temperaturas más suaves ha llegado de la primavera y con ella la posibilidad de hacer realidad -¡al fin!- algunos de nuestros deseos. Ver el mar, caminar sobre la arena mojada, correr al aire libre, saborear la brisa… En otras palabras, vivir la naturaleza y celebrar intensamente la vida.

Y qué mejor manera de hacerlo que a través de una ruta por carretera con la que dejar atrás meses de preocupaciones e incertidumbres. La que proponemos hoy nos llevará a recorrer 300 kilómetros de costa de la Comunidad Valenciana. Desde Peñíscola, en la provincia de Castellón, hasta Altea, en la de Alicante. Por el camino, nos detendremos en algunos de los pueblos con más encanto del litoral; localidades que, por motivos diversos, bien valen una visita. ¿Nos acompañas?

Playa y ciudad fortificada de Peñíscola1

Peñíscola

Empezamos el periplo en Peñíscola, posiblemente una de las localidades más conocidas y hermosas de la provincia de Castellón. Convertida en estrella de cine y televisión, plató natural de numerosas películas y series -desde Calabuch de Berlanga a Juego de Tronos-, ha sacado partido a su condición ofreciendo a cuantos la visitan la Ruta del Cine. Es, sin duda, una original forma de recorrer el municipio.

Y es que esta pequeña localidad de poco más de ocho mil habitantes de la Costa de Azahar tiene mucho por ver. Te sorprenderá su fantástico casco antiguo amurallado, construido en una península rocosa, coronado por un impresionante castillo templario del siglo XII, y su entramado medieval de calles empinadas. Déjate llevar y descubrirás curiosidades como el Bufador, un túnel natural excavado en la roca por donde penetran las aguas del Mediterráneo provocando un estruendo sorprendente.

Aprovecha la ocasión para degustar platos de su cocina marinera como el suquet, el polpet, el all i pebre de rape o los arroces. Y endúlzate la visita con pastissets de carabassa -elaborados con calabaza, miel y requesón- o los flaons de Peñíscola -pastel de requesón y almendra-. ¡Te sabrán a gloria!

Playa de Els Terrers de Benicàssim2

Benicàssim

Abandonamos Peñíscola y nos dirigimos a nuestro siguiente destino por la N-340, la carretera más larga de la Península, cuyo trazado paralelo a la costa mediterránea sigue en buena parte el de la Vía Augusta romana. Benicàssim se encuentra a 60 kilómetros y es conocida, sobre todo entre los más jóvenes, por el FIB, su festival internacional de música.

Famosa por sus playas, destaca por encima de las demás una de forma ovalada: la de Els Terrers, delimitada por varios espigones que la protegen de las corrientes.  Junto a ella, encontrarás un paseo de palmeras de lo más fotogénico, convertido por los turistas en un improvisado set de fotografía.

Benicàssim recibe el sobrenombre de la ‘Biarritz mediterránea’

Lo que posiblemente no sepas es que, a finales del siglo XIX y principios del XX, Benicàssim era una localidad frecuentada por la burguesía de València y Castellón, lo que le ha valido el sobrenombre de «la Biarritz mediterránea». De aquella época todavía se conservan un buen número de construcciones, que se pueden visitar siguiendo la Ruta de las Villas.

Playa de Canet d’en Berenguer3

Canet d’en Berenguer

Reemprendemos la ruta que nos llevará hasta Canet d’en Berenguer, de la que nos separan alrededor de 60 kilómetros, ya en la provincia de Valencia. Situado junto a la desembocadura del río Palancia, a unos 30 kilómetros al norte de la capital, la historia de este pueblo de algo más de 7.000 habitantes está íntimamente ligada al municipio colindante de Sagunt y a sus orígenes romanos.

Su principal atractivo es la Racó de Mar, una playa de arenas doradas y aguas cristalinas considerada no solo una de las mejores de la comunidad, sino de toda España. Se extiende a lo largo de 1,2 kilómetros y tiene una anchura de casi 100 metros. Eminentemente familiar, es tranquila y cuenta con todo tipo de servicios.

En Canet d’en Berenguer se impone su plato más típico, los huevos con langostinos

Además de su arenal, en Canet d’en Berenguer podrás acercarte hasta su faro, construido a principios del siglo XX en el extremo sur de la costa, mar adentro, y visitar su museo etnológico o la iglesia gótica de Sant Pere Apòstol. La estancia no sería completa si no probaras antes de abandonar el pueblo, su plato más típico, los huevos con langostinos, o cualquier especialidad típicamente valenciana como el arròs melós (arroz meloso) o con bogavante.

El Palmar, en la Albufera4

El Palmar

El próximo destino será El Palmar, a unos 60 kilómetros al sur, un diminuto pueblo de pescadores rodeado de campos de arroz del parque natural de la Albufera. Lo cierto es que El Palmar, en cuyo paisaje se inspiró a Vicente Blasco Ibáñez a la hora de escribir algunas de sus novelas como Cañas y Barro, es una auténtica perla a muy poca distancia de València. Esto lo convierte en uno de los rincones preferidos por los valencianos a la hora de desconectar de la gran ciudad.

Rodeado de canales por los que navegan barcas de pescadores y otras embarcaciones que ofrecen paseos por el lago -por cierto, muy recomendables-, todavía conserva algunas de las tradicionales barracas de la zona. Puedes recorrer la zona, dotada de gran valor ecológico y dar una vuelta por la localidad.

En El Palmar Blasco Ibáñez se inspiró a la hora de escribir algunas de sus novelas

Visita la iglesia parroquial del Niño Jesús del Huerto, el embarcadero, el Hogar del Pescador y la barraca del tío Aranda, una construcción del siglo XIX, la única original que se conserva. Si piensas en comer, no te olvides de dos de los platos más típicos del lugar: el allipebre y la tradicional paella valenciana.

La Granadella, en Xàbia5

Xàbia

El primer pueblo de la provincia de Alicante al que nos detendremos es Xàbia, a un centenar de kilómetros de El Palmar, una de las localidades con más encanto y mejor conservadas de la Costa Blanca. Enclavada a los pies del macizo del Montgó, y entre dos cabos, -el de la Nao y el de San Antonio-, ha conservado su personalidad a pesar de los envites del turismo.

Te recomendamos que pasees por sus calles. Déjate llevar y acércate hasta la iglesia fortaleza de San Bartolomé y el mercado, antes de emprender la Ruta de los 15 miradores. Se trata de un recorrido perfectamente señalizado de alrededor de 30 kilómetros con 15 puntos en los que detenerse para contemplar espectaculares vistas al mar. Puedes hacerlo en coche o en bicicleta, ¡tú decides!  Si optas por hacer el trayecto de norte a sur, terminarás en La Granadella, una de las mejores calas de la costa alicantina, en la que es habitual hacer esnórquel.

La Ruta de los 15 miradores recorre 15 puntos donde contemplar espectaculares vistas

A parte de los deportes acuáticos, desde Xàbia pueden realizarse numerosas actividades al aire en plena naturaleza, como senderismo en el parque natural del Montgó, desde cuya cima, en un día claro, puede distinguirse la isla de Eivissa. De regreso puedes reponer fuerzas en alguno de los numerosos restaurantes de la localidad, con el arroz como protagonista.

Dénia6

Altea

Abandonamos Xàbia y ponemos rumbo a Altea, del que le separan 35 kilómetros. Nuestro último destino es un pintoresco pueblo de calles empedradas y casas encaladas situado en una bonita bahía de la Costa Blanca, del que sobresalen las originales cúpulas de azulejos de la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo.

En Altea se respira tranquilidad y un cierto aire bohemio. Se impone pasear por su casco antiguo, repleto de tiendas de artesanía y pequeños restaurantes, acercarse hasta la iglesia, bautizada por su peculiaridad como «la cúpula del Mediterráneo», el monasterio de las Carmelitas Descalzas, las torres de la Galera y de la Bellaguarda o el Palau, todo un referente cultural en la zona.

Altea es un pintoresco pueblo de calles empedradas y casas encaladas

Sus ocho kilómetros de costa dan para mucho. El Morro de Toix, la playa del Mascarat, la de la Olla y la de Cap Negret o las calas de la Barreta y la Solsida son algunos de los mejores rincones en los que relajarse y disfrutar de un buen baño. La mejor forma de terminar la jornada -y con ella nuestra ruta por la costa valenciana- es con una buena cena en alguno de los numerosos locales. Buen provecho… y ¡feliz viaje!

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