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Nueva denuncia de otra trabajadora de la residencia de ancianos de Llíria: «Me iba a casa vomitando de ver sufrir a los ancianos»

La limpiadora denuncia insultos y vejaciones a los ancianos por parte de algunas trabajadoras y cómo la dirección del centro lo permitía y lo ocultaba

La desantención y la falta de personal provocaba que cada día varios ancianos se quedaban sin comer y sin tomar la medicación

Técnicos de la conselleria han inspeccionado este martes la residencia para decidir si intervienen el centro y se hacen cargo del cuidado de los ancianos

A mediados de agosto, después de trabajar cuatro meses como limpiadora en la residencia Jardines de Llíria, Inés (nombre ficticio), no pudo más y dejó el trabajo. «No podía soportarlo. Veía cada día lo que sufrían los ancianos, la desatención a la que estaban sometidos y me iba a casa vomitando y cuando tenía que volver al día siguiente igual», relata a NIUS la ex trabajadora, que renunció al empleo, aunque tenía por delante 4 meses de contrato.

Una pesadilla que ha revivido esta última semana, después de que Informativos Telecinco  hicieran públicos los vídeos grabados por María, una de sus compañeras en la residencia. «Lo estoy pasando muy mal. Me ha venido a la cabeza todo lo que ví allí», señala.

Inés asegura que en el tiempo que trabajó en la residencia se enfrentó en numerosas condiciones a las auxiliares, e incluso a la dirección, por el trato vejatorio que sufrían los ancianos. «Una vez escuché a una auxiliar que le gritaba a un anciano: cerdo de mierda, estoy hasta los huevos de ti, por orinar en un vaso. Yo le dije que delante de mí no volviera a hablar así a ningún residente», asegura. Una actitud que le valió numerosos enfrentamientos y encontronazos con las responsables y las empleadas veteranas. «Son gente sin corazón, solo les interesa llevarse el sueldo y no les importan los ancianos», afirma Inés.

Un drama que ayer relató en su declaración ante los agentes de la Guardia Civil que llevan la investigación de un caso, que se ha conocido gracias a la denuncia de su ex compañera María, con la que coincidió en la residencia. «Yo dentro no me he callado nada, pero no me he atrevido a denuciar. María ha sido muy valiente, gracias a ella se sabe lo que pasa allí dentro y lo mal que lo pasan los ancianos», explica.

Falta de comida y medicación

Nada más empezar a trabajar en la residencia, Inés comenzó a ser testigo de las penurias que tenían que soportar los ancianos. «Yo hablaba con muchos y todos me decían que se querían ir de allí, a su casa o a cualquier otro sitio», explica.

Además de la dejadez de empleados y directivos, la ex trabajadora atribuye la desatención a la falta de personal. «Todos los días varios residentes se quedaban sin comer o sin cenar, porque como habían muy pocas empleadas, no llegaban a todos», asegura Inés, que añade que «les dejaban la comida en las habitaciones, a pesar de que muchos no podían comer por sí solos y acababa por los suelos».

Lo mismo ocurría con la medicación. «Cuando limpiaba las habitaciones me encontraba por el suelo pastillas que no se habían tomado o dejadas encima de la mesa. Yo lo avisaba a las cuidadoras y me contestaban que eso no era de mi competencia».

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