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Nacidos en la cuarentena

Un soplo de esperanza. Les ha tocado dar a luz en un momento en el que los hospitales están colapsados para salvar la vida de los contagiados del Covid-19. Tenían miedo y dudas sobre cómo sería el parto porque «Son unos supervivientes», dicen orgullosos sus padres

Hay vida. Mucho futuro por delante. Bebés que se abren paso en un momento de oscuridad y miedo. Niños que vienen a este mundo mientras muy cerca de ellos, otras personas luchan por sobrevivir al coronavirus. Estos neonatos encarnan la dosis de optimismo necesario para constatar que, pese a lo costoso de ver la luz al final del túnel, existe un resquicio para la esperanza. Y ahí está Clara, que llegó al mundo el pasado domingo sin enterarse siquiera de la tormenta que se cernía sobre ella. Pesó 3,7 kg y se adelantó dos semanas.

Isabel y Juan Carlos, junto a su hija Clara
Isabel y Juan Carlos, junto a su hija Clara

Sus padres, Isabel y Juan Carlos, le contarán cuando pasen unos años que ella fue, muy a su pesar, «hija de la pandemia», que unos policías les escoltaron hasta la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, ya que antes les habían dado el alto por circular con su vehículo en pleno estado de alarma. Le hablarán también de la sonrisa de los médicos y las enfermeras que hacían un «descanso» para asistir a su nacimiento. Ahora, posan los tres en su casa, Clara con los puños cerrados mostrando sus ganas de luchar, y Juan Carlos e Isabel con las dudas sensatas de los padres primerizos.

«Ella es la luz en medio de la tempestad y el caos», proclama el padre. Sin embargo, pese a la alegría de tener a Clara entre sus brazos, no todo fue sencillo. Cuando llegaron al hospital, la madre tenía fiebre y en los días anteriores había notado puntuales síntomas de resfriado. Nada importante. Sin embargo, los médicos alertaron de que podía estar contagiada con el Covid-19, así que la aislaron en el paritorio y Juan Carlos, gracias al buen hacer de los sanitarios, pudo ver el parto más tarde en vídeo, ya que se lo grabaron. «El trato de todos los médicos y matronas ha sido excepcional», confiesan.

Cuando Clara nació, Isabel no pudo cogerla, había que mantenerla separada hasta que la analítica confirmara si el resultado era positivo. Así que fue el padre quien tuvo a la niña la primera noche: «Ahí me ves, en una habitación yo solo con ella. Me dijeron que tenía que hacer el piel con piel, así que me quité la camisa y lo hice. Luego, a la hora de cambiarla, las matronas me ayudaron, estaba un poco perdido». Isabel, que esperaba en otra habitación, seguía las primeras horas de su vida en tiempo real a través del teléfono de su esposo. «Cuando al día siguiente me dijeron que ya podía verla fue una emoción tremenda, un momento muy íntimo y precioso, cómo sonreía», dice la madre.

Lucía y Daniel, posan con su hija Eugenia
Lucía y Daniel, posan con su hija Eugenia

«No pude coger al bebé»

A las 24 horas les dieron el alta. Ella parecía que ya no tenía síntomas y había que «aligerar» el hospital. La mala noticia llegó este miércoles, cuando desde el centro de salud les llamaron para decirles que Isabel había dado positivo en coronavirus. «Yo no me encuentro mal, pero bueno, trato de estar lo menos con la niña y cuando estoy, pues con mascarilla y todas las medidas posibles de protección. Nos han dicho que los bebés tienen una proteína que les inmuniza del virus y que, durante el embarazo, la placenta también. Sí que puedo darle el pecho», explica Isabel.

Pese a este «contratiempo», ambos disfrutan de la pequeña en casa y miran atentos sus grandes ojos llenos de vida. La misma ilusión con la que Lucía y Daniel nos presentan a Eugenia, que nació el día 21. «Me adelantaron el parto porque mi ginecóloga explicó que era mejor reducir al mínimo las posibilidades de que me contagiara de coronavirus, ya que un parto enferma puede complicarse. Además, querían despejar al máximo el hospital para una posible masiva afluencia de infectados, como luego ocurrió», relata la madre. La niña duerme mucho y es muy buena, y lo que lamentan es que ni Eugenia ni su hermano Tristán puedan salir a la calle. «No sé cómo repercutirá en la salud de ellos tanto tiempo encerrados», confiesa. Para Lucía, todos los nacidos en esta cuarentena son «unos supervivientes» y el momento «no se podrá borrar de nuestras mentes».

De hecho, ya piensan cómo se lo contarán de mayor. «Cuando tienes que dar a luz en estas circunstancias sufres estrés, al igual que el pensar que quizá tengas que ir a urgencias con el recién nacido… Aun así, tengo toda la confianza en los médicos, y a las embarazadas les digo que estén tranquilas, que los partos es algo que nunca paran, que siempre van a recibir el mejor servicio porque la vida sigue y los médicos también lo agradecen», apunta Lucía. Como indica el sociólogo Roberto Barbeito, de la Universidad Rey Juan Carlos, estos niños que ahora nacen y los más mayores que se encuentran en confinamiento formarán parte de la «generación del despertar», pues está llamada a reflexionar sobre en qué mundo quieren vivir y de qué manera. «Es una generación que tiene la oportunidad de reconstruir el mundo, de promover el bienestar de manera general y equitativa. Puede llegar a ser una generación solidaria, cooperativa y creativa. Desde luego, está mejor preparada que nunca y empieza a tener conciencia de los límites y las oportunidades».

Andrea y Germán con su hijo Thiago
Andrea y Germán con su hijo Thiago/Foto: La Razón

Pero el experto desconfía en que esta cuarentena nos lleve a un «babyboom» similar al de los 60. Para él, más que babyboom podría darse el caso, pasado el confinamiento, de un “boom” de divorcios. «La convivencia implica continuos problemas y conflictos cotidianos, que hay que resolver. Si no se resuelven bien, podría darse el caso de un aumento de divorcios tras el confinamiento. No obstante, no se divorcia quien quiere, sino quien puede, aunque la legislación lo facilite mucho, y las actitudes sociales también. El caso es que, aunque muchas parejas hayan padecido graves conflictos durante hubiera habido conflictos interpersonales, las posibilidades económicas no dan mucho margen para saltos en el vacío», asevera.

¿Nuevo «Babyboom?

«Aunque por la mayor disponibilidad de tiempo podría pensarse que habrá más contactos sexuales, a diferencia de lo ocurrido entonces, la mayoría de la población dispone de acceso a métodos anticonceptivos más seguros. De igual modo, hace 70 años había crecimiento económico y optimismo en el futuro, que no es el caso actual», añade Barbeito.

Un optimismo social en decadencia que contrasta con la alegría de los padres primerizos Lorena y Borja, de Lérida. Olivia nació el 16 por parto inducido y todo fue «como la seda», dicen. «Por el protocolo actual nos iban a mandar a casa a las 24 hora de dar a luz, pero en la analítica de la niña dio alguna cosa alterada y nos dejaron 48 horas, una suerte, porque así pudieron hacerle la prueba del talón y del oído», comenta Lorena.

Por su parte, Borja explica con cierto humor que a su pequeña tendrá que decirle cuando crezca que ella fue «hija de la pandemia» y, aunque reconoce que suena fatal, «es la realidad. Es muy raro que después de dar a luz no pueda venir nadie a visitarnos, ni familiares ni amigos».

De hecho, nos relatan que en el Hospital Arnau de Vilanova, donde Lorena dio a luz, se habían tomado con tiempo todas las medidas de seguridad para evitar contagios. Ellos estaban en la planta cuarta, mientras que la tercera estaba dedicada solo para los infectados del virus. «Incluso en la cafetería, para ir a comer, te facilitaban un ticket en la habitación y luego un guardia de seguridad te lo pedía al entrar. Es todo un poco de película, parece ‘‘Resident Evil’’», ironiza Borja.

Lorena, en el hosptial, con su hija Olivia
Lorena, en el hosptial, con su hija Olivia

Todavía no han podido empadronar a Olivia porque no está habilitada la opción online y la sede física está cerrada. «Lo que sí hemos hecho es ir al registro civil, aunque cuando fui me miraban como si fuera un bicho raro. Todos íbamos con mascarillas, guardando distancia de dos metros… y ahora habrá que ver cómo hacemos la visita de los 15 días con la comadrona»», dice el padre. Él tira de humor para quitar hierro al asunto pese a reconocer lo doloroso de muchas situaciones que estamos viviendo por motivo del coronavirus. «Olivia nació justo el día en el que se decretó la cuarentena, así que lo que yo digo es que España se paró para recibirla», comenta entre risas. Con humor y resignación también se lo toman Germán y Andrea, padres de Thiago.

La madre tenía cierto miedo: «No sabía si nos podrían atender, si las urgencias iban a estar colapsadas. Luego todo fue fenomenal, pero ponerte de parto en estas circunstancias da un poco de cosa». Ahora han cambiado las noticias por los pañales, y en cierto modo dicen que lo agradecen, porque «los únicos que nos pueden hacer salir de esto son los médicos. Por mucho que estemos todo el día viendo las noticias, no va a cambiar nada», afirma Borja, mientras de fondo ya se escucha a Thiago que reclama su atención. Un llanto muy diferente al que ahora escuchamos desde los balcones.

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