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Los padres, desesperados porque los niños vuelvan al cole: «Teletrabajar con ellos es imposible»

Los que tienen hijos más mayores están preocupados por la repercusión académica que tendrá la ausencia de presencialidad tanto tiempo

Los padres andan mirando estos días más hacia el cielo que el suelo blanco, resbaladizo y peligroso que pisan. El Covid y la nevada ha dejado a sus hijos más tiempo del deseado en casa y las bromas sobre las lluvias que se aproximan para el próximo miércoles, justo cuando está prevista la vuelta al cole tras el periodo vacacional de Navidad, no cesan de correr de grupo en grupo de Whatsapp por si en Madrid se cumple el dicho de «no hay dos sin tres» y el diluvio universal retrasa, de nuevo, el regreso a las aulas.

De los que están desesperados por el infierno de teletrabajar con niños pequeños a los que están preocupados por los efectos que pueda ocasionar en su educación la falta de presencialidad, todos suplican porque la fecha, retrasada en dos ocasiones, se cumpla. Y muchos no han dudado en coger el pico y la pala para limpiar hasta el último rincón de los centros y sus alrededores para evitar que la excusa de la accesibilidad impida la apertura.

Los que han crecido bajo la EGB no recuerdan una situación parecida, ni de lejos, a la actual: meses sin clase por una pandemia, cuarentenas de 10 días cada dos por tres por positivos, días alternos de asistencia a los institutos, semanas en casa por una nevada…

Haciendo memoria, cuentan con los dedos de una mano (y sobran) los días de fiesta en años y años de escolaridad en los que se quedaron en casa, más allá de aquellos en los que el termómetro superase los 38º. [Por cierto, olvidaba otro impedimento más, este curso con 37,2 tampoco se les permite la entrada].

Pero hoy la excepcionalidad se ha tornado en normalidad. Y la factura a medio y largo plazo para esta denominada generación sin cole está por ver. Porque pese a los esfuerzos de los docentes, las clases online, no son lo mismo.

CON LA PANTALLA, NO SE PUEDE

«Los padres están llorando y el telecole no funciona. Los más pequeños necesitan volver por las interacciones sociales, que son importantísimas en la infancia. En el cole aprenden a relacionarse, a defenderse, a jugar… y todo eso a través de una pantalla no se puede. Algunos niños están teniendo más rabietas, más miedos y retrocesos«, apunta la psicóloga infantil Bárbara Zapico, quien destaca que los más mayores están sufriendo aún más las consecuencias de la falta de presencialidad.

«Un alto porcentaje de los adolescentes que atiendo tienen un estado de ánimo triste y su sensación es que la vida no tiene sentido. A esas edades lo más importante es ver a los amigos y muchos no pueden todo lo que quieren. Además, frente al ordenador se aburren y siempre tienen a mano Instagram o los videojuegos», dice Zapico, quien sostiene que no todos deberían haber pasado de curso este año. «Algunos no tienen la suficiente madurez y aquí ha copiado hasta el apuntador«, critica.

Para la psicóloga, «todo esto es un jaleo y una locura» y los padres «están desquiciados». «Las farmaceúticas no se van a forrar por las vacunas sino por los ansiolíticos», dice a modo de resumen.

En la misma línea se expresa Carmen Aranda, psicopedagoga y profesora de Primaria en el colegio Wisdom School. «Lo que más detectamos entre los más pequeños es que muchos tienen miedo cuando les dejan sus padres en el cole porque han pasado mucho tiempo en casa y se sienten como abandonados. Además, tienen miedo a perderles porque algunos han sufrido muertes en su alrededor».

«Las clases por zoom no son clases como tal», asegura. Y eso que en su cole han estado conectados durante todo el horario lectivo casi desde el primer día de confinamiento. «No hay contacto físico, no puedes corregirles y es muy complicado que mantengan la atención con la cantidad de distracciones que tienen en sus habitaciones», añade la docente.

EL RETRASO ACADÉMICO QUE TRAERÁ LA AUSENCIA

Su compañera Eva Donoso, profe de Primaria también en el mismo colegio, insiste en que con las clases online «los niños no aprenden igual» (la presencia de los padres a veces es peor porque algunos «les chivan» las respuestas, dice) y los docentes «no pueden valorar» si han adquirido los conocimientos. Al contrario que su colega, sí cree que la ausencia de presencialidad va a provocar un retraso académico.

«Los niños que tienen más problemas de aprendizaje van a ser los grandes perdedores de esta pandemia», indica. «Los profesores nos estamos formando continuamente, pero aún así no tenemos los conocimientos para dar una clase online que se medio parezca a la calidad de una presencial. No puedes ayudar al que más lo necesita sin desatender a los demás», asegura Donoso, quien está deseando volver al aula porque dice, segura, que allí es «más feliz y mejor profesora».

Félix Rodríguez, profesor del Instituto Ana María Matute, en Velilla de San Antonio, también considera que esta nueva normalidad tendrá efectos en los chavales. «Hacemos lo que podemos, pero no tiene nada que ver con años anteriores. El tiempo de calidad de la clase no es la misma y a nivel de conocimientos se va a notar«, sostiene, y critica que el sistema de semipresencialidad de la Comunidad de Madrid en esta etapa educativa también les está haciendo daño sobre todo a los colegios con menos recursos, donde los chicos sólo pueden ir algunos días o semanas a clase, pese al «esfuerzo brutal» del profesorado.

«Trato de ser optimista. El impacto a corto plazo es obvio pero espero que se diluya a medio y largo», añade el docente, para quien la llegada de la nevada este año es «casi una suerte» porque al menos no se han perdido del todo las clases.

Además de los profesores, los chavales también quieren volver al aula para retomar el contacto con sus amigos. Pero quién más reza porque la situación se reestablezca cuanto antes son, sin duda, los padres.

Ignacio Paúl, con dos niños que no sobrepasan los cuatro años, es un buen ejemplo. Su mujer trabaja en un centro hospitalario en turno de noche y el mayor esfuerzo le toca a él. «Teletrabajar en casa con ellos es imposible. Se te hacen las horas eternas. He llegado a encerrarme en el baño para atender llamadas importantes. Además, da la casualidad de que justo cuando tienes una reunión, se activan. Cortas el micrófono, la cámara, te pones nervioso…», detalla en su desesperación porque vuelvan.

«Sin cole los niños están más irascibles, se acuestan más tarde, no se cansan. Y cuando van están más alegres y tú disfrutas más de ellos. Todo eso nos está afectando psicológicamente, estamos más cabreables por el cansancio acumulado de tantos meses. Ahora que parecía que cogían ritmo, llega Filomena», dice resignado justo antes de contar que él es uno de los padres que se han animado a limpiar los coles. «Estoy deslomado, pero hago lo que sea para que vuelvan el miércoles», añade.

«ELLOS ESTÁN COMO EN DISNEYLAND»

Y no es el único, María Sáenz-López también se ha unido a ese club. Tiene cuatro niños, de entre cinco y nueve años, y dice que la situación «es súper desesperante». «Tú trabajas mientras ellos están con los deberes, pero te reclaman y se crea una tensión de la que es difícil escapar». Cuenta que el confinamiento le creó ansiedad y que incluso ha necesitado ayuda médica para superarla, y que la nevada ha venido a rematar la situación. Dice que, más allá de los objetivos académicos, ahora lo único que le preocupa es que lleven esta extraña situación «lo mejor posible».

«Ellos están tan contentos, les parece unas navidades divertidas, como si estuviesen en Disneyland, pero mi pareja y yo estamos diciendo ‘otra vez, no puede ser'». Dice que, más allá de los objetivos académicos, lo que le importa es que «estén lo mejor posible» y que esta extraña situación no les t.

Elisa García, con hijos un poco más mayores, de 7 y 10, lo ve desde otra perspectiva y se pregunta qué consecuencias va a tener tanta ausencia en el aprendizaje. «Los chicos están en una desidia y con la nevada creen que están de vacaciones. Les está costando más que antes y nosotros estamos más nerviosos porque hay más descontrol y falta de rutinas en casa que en el confinamiento. Quiero que vuelvan por ellos, no por nosotros«, indica, pero no sólo porque aprendan conocimientos, sino por «su formación como personas».

Esta mamá, quien también se pregunta cuánto de cierto hay en las notas del año pasado, muestra su frustración porque la ayuda que prestó en el cole no ha servido de nada para adelantar la vuelta. Y no es la única.

Lo mismo explica Laura Baena, fundadora del club MalasMadres y presidenta de la asociación Yo no renuncio por la conciliación. «Hay muchos coles preparados y no les dejan volver. La sensación que tienen las madres es de no ser una prioridad, de no importar«, dice Baena, quien también sostiene que los progenitores «están agotados y se sienten abandonados porque no hay medidas de conciliación» por parte del Gobierno.

«Se les exige ser responsables con las cuarentenas pero no hay medidas de conciliación. Hay hartazgo, hastío y desesperación». A su juicio, «no se ponen los cuidados en el centro» y con la ausencia de clases se está poniendo en riesgo a «los no pilares que son los abuelos».

Por el bien de todos, crucen los dedos.

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