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Los medios de comunicación que destruyen el código ético y la libertad de expresión

Los medios de comunicación que destruyen el código ético y la libertad de expresión

Justicia y Libertad

por Juan Carlos Pérez Álvarez

 

Si un chino te indica que te desea que vivas tiempos interesantes, puedes agradecérselo con un beso o con un guantazo, pero lo que está claro es que no debe dejarte indiferente, dado que a diferencia de la cosmovisión occidental, lo que en realidad quiere decir es que sean tiempos procelosos de zozobra y crisis los que te toque vivir.

Crisis como oportunidad, es cierto. Los medios de comunicación están heridos de muerte.

Un momento, no en genérico, porque la prensa, los medios, la comunicación siempre ha existido, existe, y seguirá existiendo, en tanto en cuanto sirve para un buen servicio que el público busca y exige.

Pero este hecho no es óbice para entender que modelos de negocio se quedan obsoletos con el tiempo y esos momentos pueden ser afrontados desde la conservadora vocación de retener lo que se pueda, poniendo a salvo del naufragio una barca más pequeña, pero que siga navegando, o bien intentar ir a astilleros y reconvertir el mamotreto a palas y a vapor en algo más moderno y con motores poderosos.

 

Los hay que piensan que depende quien haga que se debe valorar de una manera u otra. Cogiendo otra profesión, los principios del juramento hipocrático se oponen nítidamente a esta circunstancia, y en cierta medida ameritan ser incorporados a la profesión periodística.

Y es que los valores y principios deben ser de aplicación universal, en tanto en cuanto no se puede permitir hacer a los demás lo que no quieres que te hagan a ti. Empatía y reciprocidad. Los valencianos han sido capaces de ver como la antes conocida como oposición cuando ha llegado al gobierno ha puesto en marcha mecanismos que ellos denunciaban cuando estaban en el otro lado del espejo.

Y piensan que la prensa debe ser un animal domesticado y servil cual ellos denunciaban de los anteriores amos. Y eso no debe ser así, no puede ser así. La prensa debe ser libre. Pero es que no sólo, es que la prensa no debe dar cobertura a la jauría humana frente a un medio de línea editorial que quieran, que para algo puede ser un medio una entidad de derecho privado, cuando un ayuntamiento no ve las noticias a su gusto, lanzar ataques a diestro y siniestro. Yendo contra derechos constitucionales.

La prensa ante esto tiene dos opciones, y, seguramente, lo más lógico, hubiera sido ir al menos transitados de los dos caminos. No fue el caso.

Cuando la prensa se pone en marcha en esa reconversión puede tener la tentación de servir de fondo de saco de los más convencidos. Menos, pero más fieles. Hooligans emocionados con las épicas batallas que desde la línea editorial se ponen, y al son del tambor se sigue un modelo de funcionamiento, dogmático, ideológico, identitario, con más pasión que razón, dentro de la dialéctica amigo y enemigo, y en vez de superar la dada trinchera, se cambian las tornas, simplemente en el punto de vista y se siguen usando las mismas herramientas.

La prensa cambia. La de papel muere, cuando no languidece. La televisión la ve cada vez menos gente, en favor de Youtube, que dicho sea de paso, también tiene sus problemas con plataformas nuevas como Twitch. Y muchas otras plataformas, que dicho sea de paso, son más cerradas y autoreferenciales, con lo cual la capacidad crítica es menor.

Esa es otra historia, pero sirva como elemento para que la prensa sirviera para ser el ancla con el viejo y tradicional modelo de reflexión serena, de poner las cosas en su contexto, poner el marco a la realidad y servir de motor para la interpretación de la realidad. Si, este modelo es caro, muy caro, pero para una sociedad es más caro, a largo plazo, la deriva actual, demostrada en el caso de don Andrés Sanchez Aguilar.

Debiera servir para redimensionar y repensar el camino elegido. Y volver a ser ejemplares, aunque el modelo de negocio haya cambiado. En el pecado tienen la penitencia.

Gentes de “Información de Alicante”, Marina Plaza, Alicante Plaza o Ser Alicante, representantes del negocio en papel, digital y las ondas, debieran parar la animadversión personal y abundar en las falacias, en favor de reflexiones que trasciendan la ponzoña y el odio personal, personalizado y de acoso y derribo.

Un deber ser que fuera el espejo de su profesión, sin quedar distorsionada por cuestiones que mediatizan su compromiso profesional, a la luz de ese juramento hipocrático del periodismo.

La tradición indica que la prensa debe poner encima de la mesa quien dijo que, con pruebas y con razones. Una dimensión moral que hizo que se llamara a este negocio el cuarto poder, llamado a equilibrar los otros tres, el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Fiscalizador de los poderosos, de los cargos públicos, con libertad, y derechos reconocidos.

Incluso a no tener que confesar la fuente, que existe, para protegerla de represalias. Y cuando los cargos e instituciones públicas se meten al ataque, los compañeros de la prensa deberían ser capaces de poner el asunto en su sitio, y no entrar en el juego de bailar el agua a nadie.

Seguir siendo un poder independiente y propio. Los medios de comunicación debieran ir por esta línea de, desde la base de la pedagogía, de diferenciar información de opinión, noticia de columna, tratando de huir de bulos, mentiras y fake news, servir de base y pilar cual Ulises atado al mástil frente a los cantos de sirena con Ítaca al horizonte, en el que la sociedad se pueda ver reflejada cuando en tiempos de zozobra buscan un medio de entender y comprender una realidad siempre cambiante.

Y entender que la libertad integra no sólo lo que te gusta, sino lo que no te gusta, y lo que te queda es combatirlo con la voz y la palabra, en buena lid. Otros caminos pueden ser más gratificantes para la líbido, pero atentan contra la sociedad en sus fundamentos. Seamos conscientes de todo ello, piensen en ello quienes se pusieron del lado de la algarabía y el combate, cegados por una ira homicida sin frenos, y con la realidad de los medios en este año 21 del siglo XXI, necesita que alguien ponga las bases de lo que deba ser el negocio en las próximas décadas.

No salvar los muebles, sino construir los nuevos. Los muebles del mañana. Piensen en ello. O no. A fin de cuentas sólo estamos hablando de unos tiempos interesantes, que ya están aquí entre nosotros. ¿Que pastilla quieres, Neo? ¿Azul o Roja?

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