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Los médicos relatan la situación crítica de los hospitales ante el pico de la tercera ola

“Es aterrador. Ingresamos tres Covid a la hora en UCI”

La sensación que le queda a Víctor Espuig cada vez que sale de una guardia es que «vamos cayendo y sin paracaídas». Este médico residente en el Hospital Universitario de La Ribera, en Alcira (Valencia), lleva ya varios días anticipando desde su cuenta de Twitter el desastre que se avecina. Aunque su especialidad es Medicina Familiar y Comunitaria, Víctor, igual que sus compañeros MIR, hace la mayoría de las guardias en el servicio de Urgencias. En su caso, siete horas ininterrumpidas viendo sin parar cómo ingresan enfermos con la Covid-19.

Este joven médico de 27 años asegura que «las guardias están siendo aterradoras, la sensación que tenemos es de descontrol y desbordamiento. Ingresamos hasta dos y tres pacientes con neumonía por hora». El centro hospitalario está tan saturado que la zona de críticos ya ha doblado su capacidad, de 16 a 32 camas, y hasta la sala de espera alberga a pacientes «ingresados» en sillas. Según Espuig, que asegura que «cuando no caben más los situamos en los pasillos», más de las tres cuartas partes de los que acuden como un posible Covid «acaban dando positivo en las pruebas». En esta tercera ola, aunque él cree «que nunca salimos de la segunda», el porcentaje de neumonías es más alto. Dice que es tan elevado el número de ingresos «que prácticamente todo el hospital» alberga a sufridores del coronavirus, lo que en la jerga médica llaman «zona sucia». En su opinión, esta ola está siendo «bastante peor que la primera», al menos en la Comunidad Valenciana, donde han muerto 4.131 personas desde que empezó la pandemia y que en este momento cuenta con 1.245 casos por cada 100.000 habitantes frente a los 884 de la media nacional. Otro dato que ha encendido todas las alarmas ha sido el número de camas de UCI ocupadas por la Covid: un 58,65% del total. Solo La Rioja presenta una cifra peor.

Según la experiencia de este joven doctor, la virulencia de la enfermedad no ha variado desde hace casi un año y «son los mayores los que se siguen poniendo peor, sobre todo con patologías previas, y la mortalidad por encima de los 80 años se dispara». Lo que sí ha observado es que la tendencia del virus es a volverse más contagioso. En el Hospital de La Ribera la avalancha desde que comenzara enero ha sido tal que hace casi un par de semanas las personas que acudían a la Urgencia por otra dolencia eran desviadas a centros privados y cualquier intervención quirúrgica que no fuera oncológica y de extrema gravedad no se realizaba. Sin embargo, en la últimas horas la situación se ha agravado de tal manera que, según Víctor, los hospitales que no pertenecen a la Sanidad pública han dejado de hacerse cargo de esos otros pacientes no Covid «porque también están a tope».

Este joven residente, que hace un par de semanas recibió la primera dosis de la vacuna de Pfizer, se contagió durante el mes de noviembre. Para evitar extender el virus a su familia, se aisló en su habitación los días recomendados. Muchos sanitarios de su hospital, que como él aguantaron las dos primeras oleadas sin ponerse enfermos, han caído en esta fase mucho más contagiosa que las anteriores, lo que «empeora aún más la carga asistencial tan tremenda para los recursos humanos disponibles».

Él cree que ha llegado el momento de tomar «medidas aún más drásticas» para reducir al mínimos los contactos sociales. No solo para aliviar el esfuerzo de médicos y enfermeros que andan «bajos de ánimo», sino también porque «un país enfermo es un país improductivo, que al final también es un país pobre». Pone de ejemplo a países como Reino Unido o Irlanda, que «decretaron dos o tres semanas de confinamiento domiciliario y ahora ven cómo bajan las cifras».

Asegura que los profesionales «seguimos estando ahí, en primera línea, dándolo todo, aunque también somos personas y estamos cansados y con poca energía». Cree que ese «sentimiento de equipo» que viven en casi todos los hospitales de España se ha reforzado aún más y «es más importante que nunca». «Pasamos tanto tiempo juntos que somos como una segunda familia y nadie nos entiende mejor que nosotros mismos», explica Espuig.

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