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Las mafias de la prostitución esconden a las mujeres en pisos para continuar el negocio a pesar del Covid-19

Por: Laura L. Álvarez

Los proxenetas sacan de la calle a prostitutas para llevarlas a pisos del extrarradio, donde continúan siendo explotadas porque sigue habiendo demanda. Muchas presentan sintomatología, viven hacinadas y sin saber dónde están. Mientras, las web ofertan «servicios anticoronavirus» por cámara a 10 euros

Nada más descolgar el teléfono Diana responde: «Estamos fuera de cobertura». Su teléfono en un portal de anuncios de prostitución es de los pocos que no hace referencia al coronavirus. «Los clientes siguen llamando pero la salud es lo primero», asegura. Aunque asegure que han tenido que hacer parón, fuentes policiales y asociaciones de ayuda a mujeres explotadas sexualmente, han constatado que la actividad solo ha cesado en la calle: los pisos burdel siguen recibiendo a clientes y las que ejercían en la calle han sido trasladadas a pisos periféricos, donde poder sortear más fácilmente la vigilancia policial. «La mayoría no saben ni dónde están», denuncian desde Apramp, una asociación que lleva 30 años luchando contra la explotación sexual y que estos días de confinamiento ha logrado contactar con 419 mujeres que les han relatado su situación. «Los puteros siguen yendo a las zonas donde solían encontrarlas. Que ya no las veamos por la calle no significa que la explotación haya cesado. Al contrario. Y si antes nos era complicado llegar hasta ellas, ahora mucho más. La situación de invisibilidad se agrava con el confinamiento», lamenta Rocío Mora, portavoz de la asociación que rescató el año pasado a 1.303 mujeres de la calle. 250 de ellas denunciaron ser víctimas de una red de trata, un gesto muy complicado por lo amenazadas que están (y sus familias) pero desde Apramp saben que son la mayoría. El problema del traslado a los pisos no es solo que la explotación a la que son sometidas quede aún más escondida sino que la mayoría de estas chicas conviven en habitaciones con más mujeres. «No saben qué es el Covid-19 ni sus síntomas», concluye Mora a raíz de conversaciones con varias de ellas, que les han manifestado que alguna sí podría presentar sintomatología de estar contagiada por coronavirus. Pero desde Apramp sospechan que sus proxenetas no se va a preocupar por mantenerlas en aislamiento ni van a llamar a ningún número de emergencia si empeoran. «Siempre las han tratado como mercancía y esta situación no ha sido diferente. Son una materia prima muy rentable y al presentar sintomatología, son desechables», sostiene Mora. La prostitución en España no está regulada pero sí está prohibido el proxenetismo. El Código Penal castiga con penas de dos a cinco años de prisión al que «empleando la violencia, intimidación o engaño, o abusando de una situación de superioridad o vulnerabilidad de la víctima, determine a una persona mayor de edad a ejercer la prostitución». Desde 2015 también se persigue al putero. La Ley de Seguridad Ciudadana considera una infracción grave (con multas de entre 601 a 30.000 euros) al que pague por servicios sexuales «en zonas de tránsito público» donde pueda haber menores, como parques y colegios, o cuando haya «un riesgo para la seguridad vial». Pero esto no ha disuadido en absoluto al consumidor. En Apramp no ha sorprendido saber que, en pleno estado de alarma, hay hombres que continúan yendo a pisos o asomándose con el coche por Marconi. «Lo que quieren es tener su servicio y no escuchar que ninguna tose. Van a seguir siendo demandadas mientras España sea el primer país europeo y el tercero del mundo de mayor demanda de prostitución», recuerda Mora. Todo ello a pesar de que dentro del Pacto de Estado en materia de Violencia de Género incluyó, en el octavo eje a tratar «la visualización y atención de otras formas de violencia contra las mujeres, especialmente la violencia sexual, la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual».

El escondite de los pisos-burdel

La dificultad de llegar a estas mujeres para darles protección se ha incrementado con la proliferación los pisos-burdel. «Antes, cuando se veían por la calle nosotros llegábamos a ellas mucho más fácil. Desde hace 15 años se ha invisibilizado todo y dificulta que ellas puedan salir de la red», denuncian. El problema «desapareció» a los ojos de la sociedad pero no dejó de existir. Para muchas esas cuatro paredes del piso donde son esclavizadas es el único universo que conocen porque desde que llegaron a España no vuelto a pisar la calle. En Madrid, por ejemplo, se han multiplicado en la zona de Vallecas (Avenida de la Albufera y calle San Diego) y se mantienen zonas clásicas en torno al paseo de las Delicias. Y sí, aunque parezca increíble, siguen acudiendo clientes a pesar del estado de alarma. Ellas, allí dentro, ya aisladas de por sí, «no saben qué está pasando fuera y para ellas todo sigue normal» por eso ninguna rechista cuando ve llegar a clientes. Muchas no saben ni que no deberían estar allí. De hecho la asociación ha denunciado estos días «orgías» que se estaban llevando a cabo en algún piso. También han constatado que están llevando a muchas mujeres a casas de particulares porque buenos clientes no se pueden mover y el explotador las traslada como un «servicio a domicilio».
Por otra parte, la deuda que sus explotadores les hacen pagar por traerlas a España no queda estos días parada por la bajada de clientes. Al contrario, aumenta porque los proxenetas siguen cobrando «los gastos» de «alojamiento» que les suponen sus esclavas. Fuentes policiales aseguran que desde que se decretó el estado de alarma las víctimas que solían estar en polígonos como Marconi, en Villaverde (Madrid) han sido trasladadas a apartahoteles de un conocido hostal del mismo polígono. El problema es que desde el jueves estos establecimientos debían cerrar. Sanidad ordenó cerrar al público todos los hoteles y cualquier tipo de establecimiento hostelero menos los servicios de seguridad, vigilancia y mantenimiento que precisen desde el 26 de marzo, según una orden publicada en el BOE. Esto no solo afectaría al caso del apartahotel de Marconi o a esas mujeres explotadas en tantos hoteles de supuesto prestigio. La orden también afecta a los clubs de carretera o supuestos asadores con hostal incorporado, ya que la gran mayoría tienen licencia de hotel. Muchas mujeres vive allí de forma continuada y estos días han tenido que abandonar las instalaciones o continuar en el interior pagando la misma cuota que antes: unos 60 euros diarios. «Cuando un hotel se cierra la mujer sigue pagando su deuda. Ese dinero no se lo van a perdonar», recuerda Mora. Las autoridades calculan que son cerca de 2.000 mujeres que podrían quedarse estos días sin techo pero creen que no las dejarán salir precisamente por miedo a que denuncien a pesar de que no suelen hacerlo por miedo y porque se encuentran en situación irregular en nuestro país. Pero para muchos de estos negocios, la situación actual es insostenible mucho antes del jueves. De hecho, «El Paradise», uno de los mayores burdeles de Europa, situado en La Junquera (Gerona) solicitó esta semana un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) para 69 trabajadores, según avanzó «El País». Muchas de estas mujeres que se quedaban en la calle sí acudieron de forma excepcional a Apramp para solicitar un «refugio» al menos temporal en alguno de los pisos que tienen para mujeres que ya han dado el paso de huir de sus captores.

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