HomeActualidadLa Línea y Algeciras son como el salvaje oeste, pero no interesa decirlo

La Línea y Algeciras son como el salvaje oeste, pero no interesa decirlo

Los testigos y los conductores de los otros vehículos no se podían creer lo que estaba ocurriendo. Pensaron que se trataba de una refriega entre bandas de la droga.

Cinco varones viajan en un vehículo de 11 años de antigüedad desde La Línea en dirección a Algeciras. Circulan por la autovía A7 a 120 kilómetros por hora. Mientras están adelantando a un camión, el conductor observa por el retrovisor cómo se le acerca a gran velocidad un Mercedes GML de color negro metalizado. Desde la distancia le dispara ráfagas de luces para ordenarle que se aparte. El vehículo se echa a un lado en cuanto puede. No pasan tres segundos y se escucha el rugir del motor del Mercedes que les adelanta a más de 200 km/h. Va tan rápido y desplaza tanto aire que el conductor del viejo coche tiene que sujetar el volante para que no les empuje a la cuneta. No ha terminado de recuperarse del susto cuando un BMW X6 blanco, les sobrepasa a la misma velocidad.

Los cinco ocupantes del coche se miran entre ellos. Son policías, agentes de seguridad ciudadana y de extranjería y fronteras que trabajan en La Línea y que regresan a casa después de acabar la faena. No tienen que hablar para traducir lo que acaba de pasar. Dos coches robados de alta cilindrada, quizá cargados de droga, les acaban de adelantar. Los cinco están fuera de servicio, pero en este país la mayoría de los policías y los guardias están hechos de otra pasta. La voluntad de servir trasciende los horarios.

El conductor del coche antiguo pisa el acelerador hasta tocar tabla. El automóvil da de sí lo que puede y logra alcanzar los 160 kilómetros por hora. Aunque sus objetivos se alejan, no pierden la esperanza de capturar a sus presas. La suerte les acompaña porque los conductores de los vehículos supuestamente robados advierten la presencia en carretera de un coche de la policía local, reducen la marcha y se esconden en el carril izquierdo de la autovía. Eso permite que los agentes casi les den caza, pero en cuanto los policías locales abandonan la autovía por una salida, los dos todoterrenos se lanzan como poseídos a devorar asfalto.

Sin embargo, en esta ocasión les ha dado tiempo a tomarles la matrícula. Llaman a sus compañeros para que las pasen por la máquina, pero sorprendentemente no constan como vehículos robados. Aun así persisten en la persecución, porque su olfato les dice que algo no cuadra. Aunque los agentes vuelven a perderlos en la distancia, la rueda de la fortuna gira una vez más para ayudarles. El semáforo de entrada está en rojo y las primeras posiciones ocupadas por vehículos de gente corriente. Cuando llegan al lugar, los agentes ven al Mercedes y al BMW esperando detrás. Los policías en chanclas, bermudas y sin arma (solo uno lleva una Glock personal) se bajan del vehículo y salen corriendo para interceptar a los conductores. En cuanto llegan a su altura, sacan la placa para identificarse, gritan «¡Policía!» y ordenan a los dos individuos al volante que se bajen.

No sirve de nada. El conductor del Mercedes GML arremete contra el vehículo que tiene delante y contra el que tiene detrás para hacerse hueco y se mete entre las dos líneas de coches, embistiéndolos con ferocidad. Los policías apenas pueden hacer nada y el coche se da a la fuga. Entonces los cinco agentes centran su atención sobre el BMW. El conductor de este vehículo trata de imitar a su compañero y embiste todo lo que pilla a su paso. Se lleva por delante y lanza a la cuneta a un taxi Mercedes modelo Viano, cuyo conductor tuvo que ser asistido más tarde.

El olor a rueda quemada impregna el ambiente. Pero a pesar de los impactos y del rugir del BMW, el conductor no logra escapar. Mientras tanto, los agentes se lanzan sobre el vehículo con enorme peligro para su integridad física, porque el coche trata de atropellarlos y lo hubiera conseguido si no se apartan.

La tensión es máxima. El único policía que tiene arma la saca y dispara contra la rueda trasera derecha, pero no tienen suerte. El proyectil impacta en la llanta y una esquirla sale rebotada y hiere superficialmente a un compañero en la frente. Sin embargo, el disparo hace que el conductor del BMW se lo piense un segundo, lo que les permite alcanzar su puerta y abrirla. En ese momento, el joven que va al volante acelera salvajemente y con los policías medios colgados de la puerta trata de huir.

Al final triunfan los buenos y logran arrastrar fuera del todoterreno al conductor, que llevaba guantes puestos para no dejar huellas. Como van de paisano no tienen grilletes, así que uno de ellos se lanza con el detenido al suelo y lo inmoviliza con una llave mientras llegan los coches de la Policía Nacional. No tardan apenas nada.

El resultado es que los cinco policías presentan lesiones como lumbalgia aguda, esguinces, heridas, contusiones varias y hasta dolor genital uno de ellos porque el detenido trató de liberarse atacando esta zona de especial sensibilidad.

Los testigos y los conductores de los otros vehículos no se podían creer lo que estaba ocurriendo. Entre el disparo, los motores de los coches y que todos los implicados iban de paisano, pensaron que se trataba de una refriega entre bandas de la droga. Finalmente se dieron cuenta de que era un acto de heroicidad por parte de los policías al detener a un delincuente.

El joven engrilletado había sido detenido al menos cinco veces más por conducir sin carné sin ninguna consecuencia. Ahora el juez lo ha enviado a la prisión de Botafuegos investigado por los delitos de resistencia a la autoridad, contra la seguridad vial y robo: el vehículo llevaba las placas dobladas, estaba lleno de arena de playa y le habían quitado los asientos de atrás para dejar más hueco al maletero. Esta práctica es propia de los narcos, que trasladan la droga desde las playas a los zulos para que quepan más fardos.

La noticia apenas ha tenido ningún eco. Las autoridades quieren aparentar normalidad. Se vende que las fuerzas del orden están ganando la guerra contra el narco, pero nada más lejos de la realidad. La Línea y Algeciras son el oeste y hay que ocultarlo.

Informa Erik Encinas.

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