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¿Hay que abolir el porno o se ha vuelto la izquierda (neo) puritana?

Intelectuales debaten sobre el viraje de la izquierda de posiciones más cercanas a la clase trabajadora hacia posiciones morales que las han superado

¿Se ha hecho puritana parte de la izquierda? «En la pornografía se educan las manadas«, declaraba hace mes y medio la diputada más joven del Congreso, Andrea Fernández (26 años), del PSOE.

«El feminismo insensato forma parte de esa izquierda moralizante que resuelve la discrepancia con prohibiciones», dice Félix Ovejero, profesor de Ética y Economía y fundador de Ciudadanos. La diputada aclaró luego sus palabras declarándose no prohibicionista, sino abolicionista de la pornografía «en una sociedad ideal». Esto es, propugna «que sea la propia sociedad la que acabe con la pornografía».

«Lo que pasa», tercia el escritor y periodista Ricardo Dudda, «es que la izquierda ha ganado muchas guerras culturales y por eso se ha hecho conservadora, defiende el botín».

En contrario, devuelve Ignacio Sánchez-Cuenca, sociólogo y filósofo, «se critica a la izquierda por atrincherarse en la identidad y el multiculturalismo, y olvidar a la clase obrera, pero ojo: siempre ha habido rigorismo en la izquierda, pensemos en el comunismo y la homosexualidad». Es el estribillo del debate en los últimos años, con la frase de la diputada Fernández como penúltimo lance: la izquierda puritana, secuestrada por la política correcta, y la derecha rupturista y punk.

Sánchez-Cuenca: «Me parece certera la visión del sociólogo Ronald Inglehart. Dice que Occidente pasó en los años 60-70 del materialismo, de preocuparse sobre todo del bienestar material, a un posmaterialismo -respeto a las minorías, medio ambiente, etc.- que luego en los 2000 ha terminado denominando ‘valores autoexpresivos’: la expresión del yo y sus atributos. Es una visión empírica, apoyada en datos y despojada de ideología. Me parece plausible».

LOS ASUNTOS MORALES

Otra visión -por ejemplo la del historiador estadounidense Mark Lilla– es que la derecha alternativa de Donald Trump se hizo con el poder en Estados Unidos precisamente apelando al voto de la clase trabajadora blanca que sí está preocupada por sus condiciones de vida, mientras que la izquierda de Hillary Clinton se centraba en defender a minorías, en el multiculturalismo y, de nuevo, en asuntos morales.

«Es indudable que parte de la izquierda se ha vuelto más conservadora y puritana», dice Félix Ovejero, que ha construido un corpus en torno al concepto en su libro titulado, precisamente, La deriva reaccionaria de la izquierda (Página Indómita). Lo resumimos: a partir del 68, la izquierda sitúa como eje de su discurso la diferencia en lugar de la igualdad, y cambia igualdad, libertad y fraternidad, su tríada mágica formulada a la manera del ideal ilustrado, por otros rasgos con los que el ciudadano se integraría en la sociedad: su género, su orientación sexual, su religión. Su identidad. La política pasa entonces a ser el lugar en el que no se busca lo que iguala, sino en que se subraya lo que diferencia.

De ahí a las posiciones ideológicas extremadas imposibles de acercar actualmente, y de ahí, por parte de esa izquierda -siempre según Ovejero-, a tolerar/empatizar con las identidades nacionalistas (en vez de soñar con una ciudadanía universal) y religiosas (en lugar del laicismo).

«PURA MODERNIZACIÓN»

«Bueno, esa es la crítica clásica que se le hace por ejemplo en Francia al Mayo del 68 desde posiciones conservadoras», dice Sánchez-Cuenca; «que más que una explosión de libertad fue una glorificación de la identidad y del egoísmo… Personalmente, la crítica a un supuesto puritanismo la enmarco yo en ese contexto. Además, en España ciudadanos que se reclaman de derecha coinciden en valores morales con otros de izquierda. En realidad, la izquierda siempre fue un poco por delante, pero el consenso en temas como la homosexualidad o la situación de la mujer es producto de la pura modernización, no de ninguna victoria ideológica de nadie», dice el autor, que ha propugnado editorialmente nada menos que La superioridad moral de la izquierda (Lengua de Trapo).

Volviendo al porno, Félix Ovejero: «El sexo sigue siendo tabú, aunque hace tiempo que aceptamos que vivimos en una sociedad liberal en la que sabemos que tenemos que convivir con cosas que no nos gustan», señala.

Más en profundidad, la lectura del profesor de Filosofía Pablo de Lora, que acaba de publicar Lo sexual es político (y jurídico), en Alianza: «No hay prueba de vinculación entre pornografía y agresiones sexuales, más bien al revés… Es un debate antiguo al que ha vuelto un feminismo que ya se estilaba en EEUU en los 70, y que viene a leer las relaciones sexuales como relaciones de poder, de dominación, donde el hombre siempre hace que la mujer se arrodille. Y da lo mismo que les mentes el éxito que tienen entre los hombres las escenas lésbicas, o el hecho de que sea el hombre muchas veces el que se arrodille a dar placer a la mujer».

MANUEL ARIAS MALDONADO: «LOS PAPELES SE HAN INVERTIDO»

Interviene, más en el marco general, Manuel Arias Maldonado, politólogo: «El conflicto se ha moralizado, se ha resquebrajado la distinción entre vida pública y privada, y lo curioso es que los papeles se han invertido; mientras en los 70 la derecha se preocupaba de la moral para mantener el orden y la izquierda ‘destradicionalizaba’, ahora parece al revés, aunque siempre hubo un liberalismo que buscaba ampliar el círculo de libertades y una izquierda no conforme con ello» -coincide aquí con Ignacio Sánchez-Cuenca acerca del «rigorismo comunista»-. Concluye Arias: «Anthony Giddens ya señaló en los 90 el conservadurismo de la izquierda con respecto a la consecución del Estado del Bienestar, pero en cualquier caso es cierto que hoy una parte de esa izquierda parece empeñada en vigilar y censurar las conductas ajenas de un modo que parecía más propio del conservadurismo religioso. Las redes sociales permiten ahora mantener la vigilancia».

Informa Erik Encinas.

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