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Escrivá vs Podemos: las propuestas para las pensiones del ministro destrozan el programa de sus socios

El buen rollito, las convivencias en Quintos de Mora, las promesas de unos y otros, incluso el protocolo que firmaron PSOE y Podemos para coordinarse y dirigir la comunicación del Gobierno: todo ha saltado por los aires esta semana con la Ley de Libertad Sexual.

Las dos principales medidas anunciadas este jueves por José Luis Escrivá chocan con las promesas de sus socios de coalición.

El buen rollito, las convivencias en Quintos de Mora, las promesas de unos y otros, incluso el protocolo que firmaron PSOE y Podemos para coordinarse y dirigir la comunicación del Gobierno: todo ha saltado por los aires esta semana con la Ley de Libertad Sexual. Con acusaciones de machismo de un lado; y filtraciones a los medios del otro para señalar la incompetencia de los recién llegados del otro. Podía intuirse que, a pesar de las sonrisas, los abrazos y las fotos, la cohabitación de los dos partidos iba a ser complicada. Porque sus propuestas son diferentes y porque no dejan de ser rivales (como siempre lo han sido socialistas y comunistas) por el electorado de izquierdas. Lo que casi nadie esperaba es que la pelea en el barro comenzara tan pronto y de forma tan virulenta.

El problema para Pedro Sánchez es que es muy poco probable que las tensiones se diluyan el próximo 8 de marzo. La polémica ley del «sólo sí es sí» seguirá su trámite parlamentario. Pero sobre la mesa se seguirán acumulando asuntos en los que la posición de los ministros del PSOE entra en abierta contradicción con la de sus socios de coalición. Y no hablamos sólo de Podemos. Al final, para sacar cualquier proyecto adelante, el Gobierno necesita de parecidos apoyos a los que requirió para la moción de censura o la investidura. Es una aritmética parlamentaria muy complicada. Y no será fácil encajar las peticiones de unos y otros.

Por ejemplo, en lo que respecta a las pensiones, la reforma, al menos en términos económicos, más importante que tiene sobre la mesa el Gobierno en esta legislatura, las posiciones del PSOE y de su flamante nuevo ministro, José Luis Escrivá, están muy alejadas de las promesas de sus socios. Y no será nada sencillo ponerlos de acuerdo.

Este jueves, volvió a quedar de manifiesto y lo hizo en el escenario más relevante posible: la Comisión del Pacto de Toledo a la que Escrivá acudía por primera vez. Allí, el nuevo ministro planteó lo que antes se llamaban programa o planes y ahora se denomina «hoja de ruta» para la legislatura. Pues bien, las dos propuestas más relevantes del ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones chocan frontalmente con las medidas del programa del resto de la izquierda parlamentaria. Y no hablamos de pequeñas discrepancias: en algunos casos son medidas opuestas, muy difíciles de reconciliar sin que uno de los dos tenga que admitir que ha dado su brazo a torcer.

De hecho, sin ni siquiera hablar de medidas, Escrivá ya dejó claro (quizás sin saberlo o quererlo… o quizás sí) lo alejado que está de las posiciones de Podemos. Así, el nuevo ministro aseguró en la Comisión que el borrador que hace un año estuvo a punto de aprobarse era un «punto de partida excelente» para la discusión. Y lo repitió en varias ocasiones, como para confirmar que, con pequeños ajustes, el documento podría servir para comenzar esa reforma tan necesaria. En realidad, las grandes medidas que aquel borrador recogía no son muy diferentes de las que el ministro explicó el jueves.

¿Y cuál es el problema? Pues que no fueron PP o Ciudadanos los que tumbaron aquel acuerdo, sino Podemos. Los morados, ahora en el Gobierno, destrozaron el consenso hace un año y lo hicieron, precisamente, porque el borrador contenía las mismas propuestas que ahora Escrivá hace suyas. Si acaso, podríamos decir que el ministro quiere ir ahora un poco más allá precisamente en los puntos que más molestaban a los de Pablo Iglesias.

Así, Escrivá planteó ayer tres grandes líneas para esta reforma. En la primera, sí hay consenso: pero tampoco era muy complicado. Es la reforma que no es una reforma: esa «separación de fuentes de financiación» que en realidad no significa nada. Que no toca ni un euro en gastos ni en ingresos. Que simplemente pasa al Presupuesto del Estado los gastos necesarios para que la Seguridad Social pueda anunciar que no tiene déficit. Una reforma propagandística, que no real. Aquí están todos de acuerdo, del PP a Podemos. Y es que es fácil ponerse de acuerdo en esto: ¿cómo cuadrar las cuentas de la Seguridad Social? Pues obligando a otros ministerios a pagar sus gastos… sin decir ni qué ministerios tendrán que recortar sus otras partidas ni qué impuestos habrá que subir para financiarlas.

Pero el debate para las otras dos propuestas del ministro de Seguridad Social no será tan sencillo de resolver. Hablamos de lo que se refiere a la edad de jubilación y las medidas para reforzar los planes de empresa. En los dos aspectos, los partidos que votaron para que él fuera ministro le dejaron claro, este mismo jueves, que no quieren ni oír hablar del tema. Es cierto que Escrivá hizo oídos sordos y no contestó, como si no fuera con él la cosa. Pero, cuando tenga que poner el proyecto de ley por delante, será complicado que las cosas no se tuerzan. Que le pregunte a su compañero en Justicia cómo se las gastan los socios.

La edad de jubilación

Así, en lo que tiene que ver con la edad de jubilación, Escrivá mantuvo el mismo discurso que tenía como presidente de la AIReF: la mejor manera de garantizar la suficiencia de las pensiones es retrasar el momento del retiro. Y no hablamos sólo en términos legales (que habrá que ver si se hace algo por aquí) sino en la edad real a la que nos jubilamos. Porque los españoles estamos entre los europeos que antes accedemos a la jubilación. Por eso, Escrivá quiere que los 67 años que estableció como edad de referencia la reforma de 2011 no sean papel mojado.

El ministro llegó cargado de datos al respecto: en los últimos años han subido (y mucho) las jubilaciones anticipadas y la edad real de jubilación ronda los 62 años. Por cada año que retrasemos esa edad, aseguró, resolvemos un 25% del problema del déficit de las pensiones.

Nada nuevo por aquí. Ésta es una recomendación que hacen la mayoría de los organismos internacionales que analizan nuestro sistema de pensiones. Entonces, ¿dónde está la polémica? Pues en que es justo lo contrario de lo que plantea Podemos. Hace sólo un par de años, el vicepresidente del Gobierno en el que trabaja Escrivá, junto a la ministra de Trabajo de ese mismo Gobierno, presentaba en el Congreso una Proposición de Ley para la reforma del sistema público de pensiones (aquí, todos los detalles de aquel texto). Y su medida estrella era volver a los 65 años como edad legal de jubilación y facilitar las jubilaciones anticipadas desde los ¡61 años! para todos aquellos trabajadores que hubieran cotizado al menos 35 años.

En su programa electoral para las elecciones de 2019 (tanto las de abril como las de noviembre), los de Iglesias mantenían su apuesta. Esto es lo que decía Podemos sobre edad de jubilación en su programa electoral:

  • Las personas que lleguen a la edad de jubilación podrán elegir libremente los años de cómputo para el cálculo de sus pensiones entre todos los de su vida laboral
  • Compensar las lagunas de cotización: extenderemos el derecho a completar el periodo mínimo para tener acceso a una pensión contributiva con las bases de periodos no cotizados
  • Las personas que hayan cotizado al menos 35 años podrán jubilarse anticipadamente sin penalización en sus pensiones
  • Jubilación anticipada en sectores especialmente duros. Agilizaremos el reconocimiento de la posibilidad de jubilarse antes de los 65 años sin penalización para trabajadores y trabajadoras en sectores especialmente duros y precarios

Las dos primeras propuestas no tienen que ver tanto con la edad como con las reglas de acceso al sistema, que en Podemos también quieren relajar, cuando, si acaso, el PSOE propone que se endurezcan (como hicieron, por otro lado, en la reforma de 2011).

En lo que se refiere a la edad, Podemos parte de la base de que los 65 son la referencia y, a partir de ahí, lo que pide es facilitar a los trabajadores que se jubilen incluso desde los 61 años. De hecho, un enorme porcentaje de trabajadores llega a esa edad con los 35 años cotizados que exigen los morados, por lo que todos ellos podrían acceder al retiro a una edad en la que todavía tienen casi tres décadas de vida por delante (de media).

El ejemplo de Francia puede servir para que el ministro intuya lo complicado que tendrá aprobar una medida de este tipo con la extrema izquierda. En el país vecino, los sindicatos y los partidos de izquierda han paralizado la actividad en contra de una reforma de las pensiones que tenía como uno de sus principales objetivos precisamente éste: retrasar la edad de jubilación y poner coto al abuso de las anticipadas.

Los planes de empresa

Y algo parecido puede decirse de la otra medida que Escrivá llevaba este jueves en su mochila. Hablamos de la promoción e impulso de los planes de ahorro de empresa (ese segundo pilar del que tanto se habla pero que está tan poco desarrollado en España).

Es cierto que aquí puede encontrar un punto de apoyo en Podemos, al menos en lo referido a quitar los incentivos fiscales que existen en la actualidad a los planes de pensiones. Pero Escrivá no habló ayer de eliminar por completo estas ayudas, sino de trasladarlas a los planes de ahorro colectivos. El problema es que siguen siendo «planes de ahorro», en el fondo siguen siendo individuales (aunque se articulen a través de la negociación colectiva o a través de planes de empresa, cada trabajador va ahorrando en una bolsa individual que se lleva cuando cambia de trabajo) y siguen estando gestionados por el sector financiero. En resumen, justo lo contrario de lo que quieren los socios del PSOE.

En este tema, sin embargo, el baño de realidad se lo dio a Escrivá el representante de Bildu en la Comisión, Iñaki Ruiz de Pinedo. Precisamente, en el País Vasco es donde más implantación tienen estos planes. Y no parece que a la extrema izquierda le guste especialmente esta situación. Esto es lo que dijo Ruiz de Pinedo al respecto este jueves:

  • «Yo aconsejaría no ir en la línea del País Vasco y no fortalecer los fondos de empresa. Se trata de capitales especulativos que van en contra del sistema público. Estamos creando un monstruo»

Es verdad que sobre planes de empresa no hay nada, en concreto, en el programa electoral de Podemos. Pero se intuye que la razón no es que estén a favor, sino, al contrario… que ni se plantean esta opción. De hecho, lo único que dicen al respecto es «eliminaremos los beneficios fiscales por las inversiones en planes de pensiones privados». Y es fácil entender que los de Iglesias incluyen tanto los planes de ahorro individuales como los colectivos. Nunca se han mostrado a favor de estos últimos y, además, este segundo pilar choca con todo lo demás que propone para las pensiones el partido morado. Sería una sorpresa enorme que estuvieran a favor de incrementar el ahorro y de hacerlo, además, a través de instrumentos gestionados por el sector financiero.

Por todo esto, cabe preguntarse qué puede esperarse de este Gobierno en materia de pensiones. ¿Lo que dice el ministro de Seguridad Social o lo que dicen sus socios, de los que depende? Porque no hablamos de cuestiones menores. Como vemos, sus propuestas marchan en direcciones completamente opuestas. ¿O es que, acaso, piensa pactar este tema a espaldas de sus compañeros de gabinete? ¿Hay algún punto intermedio para el acuerdo? ¿En qué coinciden Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, y Escrivá en materia de pensiones? Para los periodistas, los enfrentamientos, tuits cruzados o descalificaciones son muy jugosos. No hay nada más que ver todo el juego que han dado en la última semana. Eso sí, para afrontar una reforma de las pensiones, no está tan claro que sean un buen punto de partida

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