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El río Turia. Un río de vida y protección

Transcurre el año 145 a.C. cuando Roma ha enviado a uno de sus más prestigioso generales, Quinto Fabio Máximo Emiliano, a Lusitania con el propósito de dar un merecido escarmiento y, de paso, intentar poner fin a la resistencia de un sencillo pastor, Viriato, que tiene en jaque a las guarniciones situadas en el territorio.

Esta parte del objetivo no pudo realizarse, salvo con la intervención de la traición. Traición que llevaría a cabo tres de sus lugartenientes, en el año 139 a.C., previo pago de una importante cantidad por parte del gobernador romano Servilio Cepión.

Como decía, la campaña fue un éxito y, una vez dada por terminada, el ejército expedicionario recibe la orden de regresar a Roma. El camino habitual es recorrer la Vía Heraclea, que posteriormente será la muy conocidaVía Augusta. Es el itinerario elegido. Con lo cuál los soldados que no han sido licenciados inician su camino hacia casa.

Tras días de camino, llegan a una zona que parece ser la idónea para tener un merecido descanso. Nos encontramos ya en el año 138 a.C. Es allí, donde el cónsul en Hispania, Junius Brutus, ha decidido fundar un asentamiento.

Restos del asentamiento romano.
Ruinas de La Almoina, actualmente en el centro de Valencia, entre la catedral, la basílica y el Almudin.

El lugar es idóneo, pues está cerca del mar, con lo cual tiene una buena salida marítima, y en una isla fluvial, formada por la bifurcación del río Turia, que le supone una importante protección de cara a los posibles intereses de conquista de otros pueblos.

No nos olvidemos que el lugar, se encuentra equidistante de dos de los núcleos de población iberos más importantes en esa época: el asentamiento de Arse (Sagunto), y el de Saetabis (Xàtiva), lo cual permitía el control de un territorio, en el que no había ninguna ciudad Romana, cerca.

Un río de vida

Es indudable que el río Guadalaviar, tras nacer en la Muela de San Juan, a casi 1.700 metros de altitud, tiene una larga bajada a lo largo de las laderas de la Sierra de Albarracín, hasta llegar a la planicie y unir sus aguas al río Alfambra. Cambia allí su nombre y pasa a ser el río Turia.

A partir de ese momento, más sosegado su caudal, emprenderá una labor de vida. Una labor de vida, pues son multitud las zonas que recibirán la riqueza de sus aguas para ir creando y desarrollando una importantísima riqueza agrícola y ganadera que ha llegado hasta nuestros días.

Centrándonos en el asentamiento de Valentia Edetanorum, recién creado, es la riqueza que trae el río Turia, la que dará lugar a una de las vegas mas importantes, no solo de la zona, posiblemente de toda la península: la Huerta Valenciana.

Así las cosas el lugar no podía ser mejor para dar descanso a los sufridos legionarios romanos.

Un río protector

Como comentaba, al estar ubicado el asentamiento en una isla formada por el río Turia, también representaba un problema: el hecho de poder salvar el río, tanto hacia fuera como hacia dentro.

El tema se resuelve por medio de los vados naturales, y en la construcción de diversos puentes, en principio muy sencillos –no estaba la economía para grandes dispendios, en ese momento–, que las continuas avalanchas y riadas se encargarán de destruir al cabo de los siglos venideros.

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