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El presidente se juega su mandato con una gestión en solitario de la crisis

Sánchez evita hacer partícipe a la oposición de la reacción a la crisis sin una mayoría clara

Cada mañana a las 9.30 de la mañana el presidente del Gobierno se reúne en el Palacio de la Moncloa con el comité técnico de gestión del coronavirus. Han pasado tres semanas desde el momento en que la crisis estalló y el Gobierno se encaminó hacia la declaración del estado de alarma. Y en ese tiempo Sánchez solo ha llamado una vez a los líderes y portavoces de otros partidos. En el caso del líder de la oposición, Pablo Casado, solo lo ha hecho en dos ocasiones.

Por otro lado, el Gobierno ha dado carácter semanal a la videoconferencia con los presidentes autonómicos. Pero de la última celebrada el domingo emanó una demanda prácticamente unánime: que no los reúna solo para informarlos sino que cuente con ellos a la hora de tomar decisiones.

Sánchez ha rechazado hacer a Pablo Casado copartícipe de la gestión de la crisis, sin contar con él en algunos de los foros que están gestionando el día a día de esta emergencia. Por supuesto nadie le obligaba a hacerlo. Pero Sánchez ha rechazado la posibilidad de buscar que la gestión de esta crisis fuese coral y ha apostado por utilizar los amplios poderes que le otorga el decreto del estado de alarma para intentar arrinconar a la oposición en la disyuntiva de colaborar o no, con el coste que, defienden en La Moncloa, tendría no apoyar al Gobierno en esta situación. «Es un momento en el que la gente quiere acuerdos, no atacar al Gobierno», expresa una fuente del Consejo de Ministros. Está por ver si la ciudadanía percibe que Sánchez está haciendo algo por conseguir esos acuerdos o es más bien al contrario.

Ni siquiera pensando en anular la capacidad de oposición del PP ha pensado Sánchez en esa posibilidad. Y es que con ello se vería obligado a enmendar toda su estrategia política, la única que le ha servido para alcanzar el poder: estigmatizar a toda formación política que se encuentre a la derecha del PSOE. Salvo el PNV, claro.

Y pese a necesitar apoyo parlamentario para convalidar los reales decretos con los que está respondiendo a esta emergencia, el Gobierno ha renunciado a pactarlos con el resto de grupos parlamentarios. Una actitud que ha provocado que esta semana la oposición haya estallado contra el presidente por su actitud unilateral. Una indignación que no se circunscribe a los adversarios del Ejecutivo, sino que se manifestó especialmente intensa en el PNV, aliado imprescindible para completar la mayoría de Sánchez salvo que el PP entre en la ecuación. ERC y Bildu ya se desmarcaron con una abstención en la votación que aprobó la prórroga del estado de alarma.

La mayoría está en juego

El PP, por boca de su presidente, Pablo Casado, ya advirtió que no podrá apoyar la convalidación de los últimos reales decretos si no se modifican. También desde Ciudadanos han dicho que no debe darse por hecho su apoyo. «Cada vez se hace más difícil apoyar», aseguran en la formación que dirige Inés Arrimadas, pese a la buena voluntad expresada hace semanas, ofreciéndose incluso a apoyar unos Presupuestos de emergencia. El presidente ha renunciado a hacer copartícipe a la oposición de la gestión de esta crisis. Y solo busca que a posteriori, apoyen las decisiones adoptadas. Pese a la emergencia económica que ya se deja sentir, con el shock más inmediato que se recuerda sobre la economía real, el presidente tampoco ha tenido voluntad de liderar unos nuevos Pactos de la Moncloa que implicasen al conjunto de las fuerzas políticas.

Ayer el ministro de Transportes, José Luis Ábalos, se limitó a decir que el grupo parlamentario socialista «va a establecer una serie de contactos» para «buscar el apoyo a este decreto». Tampoco avanzó Ábalos nada respecto a la posibilidad de tener que prorrogar el estado de alarma, para lo que volverá a necesitar el apoyo de otros partidos: «Vamos a ir viéndolo en función de los resultados que vayamos consiguiendo. No hay ninguna decisión al respecto», aseguró.

En términos de estrategia política el Gobierno ha decidido jugar la carta de que sea el presidente el que intente capitalizar la respuesta a la crisis. Aunque se empieza a mitigar en los últimos días, la estrategia ha sido la de mantener una fuerte presencia de Sánchez a golpe de comparecencias de prensa. Y eso que el presidente ha sido muy reacio a comparecer ante los medios desde que llegó a La Moncloa, pero se encuentra cómodo en el formato de una sala vacía y con el mecanismo de filtrado de preguntas implantado por la secretaría de Estado de Comunicación.

Desde que esta crisis se desató Sánchez, ha acudido en ocho ocasiones a la sala de prensa de La Moncloa. La primera el 10 de marzo, tras la celebración del Consejo Europeo. Fue el último día que los periodistas pudieron acudir al complejo. A ello le siguieron comparecencias los días 12, 13, 14, 17, 21, 22 y 28 de marzo.

El calendario y los planes del Gobierno de coalición han saltado por los aires. Nadie en el Ejecutivo piensa ya en una legislatura de cuatro años. El propio Sánchez cambió el paso cuando planteó que habría que abordar unos Presupuestos de reconstrucción ya para 2021 y no ahora. La idea es intentar vincular a la oposición en ellos, porque contar con el independentismo catalán sin avances en ese área parece complejo. Y si esos Presupuestos no salen adelante, las elecciones generales podrían estar más cerca de lo que se pensaba cuando se inauguró la coalición.

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