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El político que nos manipula

El político manipulador utiliza nuestra pereza sistemática y sus atajos para colarnos sus intereses como si fueran los de todos.

La frase, tan de actualidad en estos discutidos momentos de gestión de la pandemia de coronavirus, no es mía. Es de Shelley Taylor, neurocientífica, ganadora, junto con Susan Fiske, de uno de los premios Fronteras del Conocimiento, que otorga la Fundación BBVA

Shelley Taylor pionera en la investigación de lo que se denomina “avaricia cognitiva”, nació en Nueva York, vive en Los Ángeles y en la UCLA, tiene tres hijas, y con una de ellas firma publicaciones neurocientíficas. Dice que las dos disfrutan.

Entrevistada para La Vanguardia, el resumen de sus afirmaciones es que “la decisión correcta no es la más pensada sino la mejor informada”.

Sostiene Taylor que nuestras decisiones valen lo que la información que las avala. Por eso, disponer de los datos precisos es el medio de superar nuestros sesgos cognitivos.

Y añade: El político manipulador, en cambio, utiliza nuestra pereza sistemática y sus atajos para colarnos sus intereses como si fueran los de todos.

Y me parecía que esa reflexión puede ser de aplicación inmediata, casi literal, a las tácticas que se han puesto en marcha con ocasión del Covid-19, presuntamente con la intención de mantener informados a los españoles.

Y se utilizan aprovechando algunas debilidades nuestras. Tendemos –dice Susan Fiske- a reducir la realidad, compleja y diversa, a un cómodo blanco o negro; ellos o nosotros; lo bueno o lo malo… Hasta convertirnos en un rebaño dócil y estúpido.

Para no ser borregos –añade- no basta con confiar sólo en nuestro propio juicio, por mucho que discurramos; hay que tener información, no demasiada, sino la buena: tan compleja y diversa como la propia realidad.

Habla también de lo que llama autoembellecimiento (self enhancement), uno de cuyos rasgos es que, cuanto menos sabe alguien de algo, más seguro está de saberlo todo.

Otra más, muy en boga según Taylor, es que “ahora mismo, en la pandemia, la gente necesita la confirmación del rebaño: usted para sentirse seguro querrá hacer como todos”.

El periodista le pregunta: “¿A más peligro, somos más borregos?”. Y la investigadora responde: “Más gregarios, sí”.

-¿Algunos lo confunden con disciplina, pero no diría usted que se trata de miedo?

-Hoy somos disciplinados; pero no por lealtad al grupo, sino por nuestro propio interés.

Muy interesantes reflexiones, desde mi punto de vista, especialmente oportunas en la situación de excepcionalidad que estamos viviendo por la amenaza, y la fatal incidencia, de la pandemia de coronavirus.

Unas consideraciones que, sin duda, conocen quienes, desde el Gobierno, o sea, desde La Moncloa, diseñan y aplican desde el principio las estrategias de comunicación que se vienen aplicando.

Como recogía al principio, el político manipulador utiliza nuestra pereza sistemática y sus atajos para colarnos sus intereses como si fueran los de todos. Y conviene desenmascararlo para no dejarnos manejar.

Cuando hablo de político manipulador, ¿a quién puedo estar refiriéndome? ¿A solamente uno?

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