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Él médico de Urgencias, ella enfermera de la UCI: envían a su hija de 3 años con sus abuelos a 400 kilómetros

La niña salió de casa unos días antes de que se declarara el estado de alarma. Han decidido que la separación durará hasta que finalice el confinamiento. «Está siendo muy duro pero no queremos correr riesgos innecesarios»

José Luis Alloati, médico de Urgencias en el Hospital de Sant Joan de Alicante, y Rocío Escobar, enfermera en la UCI del mismo centro y su mujer, no son héroes pero sí protagonizan una historia que mezcla responsabilidad, vocación y sacrificio personal a cuenta del coronavirus. Como les ha pasado a todos los sanitarios del país, el Covid-19 ha traído infinidad de cambios a sus vidas pero, en su caso, ha implicado la renuncia más importante: la de su hija de tres años.

Días antes de que se decretara el estado de alarma «y viendo la situación a la que íbamos a enfrentarnos» -ellos más que nadie intuyeron lo que estaba por venir- decidieron llevar a la niña a casa de sus abuelos. Y esa casa está en Granada, a 400 kilómetros de distancia, donde vive la familia de Rocío. Desde entonces no la ven.

Han pasado veinticinco días en total en los que, de momento, no se avista el fin y en los que se suceden una montaña rusa de sentimientos que intentan mantener a raya centrándose en sus profesiones y en el trabajo que están haciendo. Las videoconferencias telefónicas, vibrantes al principio, han empezado a quedarse cortas. También un tanto vacías ante una ausencia de esta magnitud pero es lo que hay en estas circunstancias.

«Con la crisis que estamos viviendo, los dos estamos día sí día no en el hospital y doblamos turnos. No queríamos exponer a la niña a un contagio ni tampoco a quien se encargara de cuidarla porque han sido muchos los vecinos y amigos que, sabiendo que no tenemos familia en Alicante, se ofrecieron a ayudarnos». José Luis y Rocío están en primera línea y su exposición es total por eso también han extremado las precauciones entre ellos: en casa mantienen la distancia de seguridad y duermen en habitaciones separadas.

Él valora en Urgencias a los pacientes que acuden con síntomas y son susceptibles de tener coronavirus. Ella está día a día con ellos en la Unidad de Cuidados Intensivos. Ven lo que hay y saben de qué va la enfermedad a la que se enfrentan, sobre todo Rocío.

«No era de recibo apoyarnos en los amigos ni en los vecinos porque ahora hacemos más turnos de lo habitual y estamos en el hospital entre doce y catorce horas, un tiempo en el que nuestra hija se tenía que quedar con alguien», prosigue José Luis.

La distancia está siendo dura, sobre todo para la niña. Todos los días se ven a través de videollamadas pero ya se han revelado insuficientes. «Al principio, nuestra hija lo llevaba bien porque lo vivía como un juego pero ahora ya empieza a impacientarse y todos los días nos pregunta que dónde estamos, que cuándo la vamos a buscar y que quiere venir a casa», indica el facultativo.

Para que llegue ese momento todavía falta porque tanto José Luis como Rocío tienen claro que la ausencia de su hija «muy a nuestro pesar» se prolongará hasta que se dé por concluido el estado de alarma. Y no antes. Tampoco tienen previsto ir a visitarla, aunque la tentación sea difícil de domar. «Es muy duro pero no vamos a ir a Granada porque mis suegros están haciendo muy bien la cuarentena. No iremos hasta que la situación se controle».

Ninguno de los dos se toman a la ligera el coronavirus porque, precisamente, le han visto la cara más feroz. «En ocasiones, la situación en la que llegan los pacientes a Urgencias es muy dura. Y en la UCI también lo están pasando mal». Por eso, el regreso de su hija o una visita fugaz a casa de los abuelos queda fuera de la ecuación.

El caso de José Luis y de Rocío no es el único entre parejas de sanitarios que han tenido que renunciar a sus hijos pequeños en esta etapa. El desconcierto es el común denominador de todos ellos aunque también la incertidumbre.

Un matrimonio de médicos decidió llevar a su dos hijos a casa del hermano de ella cuando se decretó el estado de alarma el pasado marzo. Los abuelos de los niños tienen una edad avanzada y decidieron no correr riesgos innecesarios. Tampoco ellos han puesto fecha para el retorno a casa de sus hijos.

La pareja formada por una médico y un enfermero también ha vivido una situación similar. Ante el bronco inicio de la crisis sanitaria, decidieron llevar a sus dos hijos con los abuelos a un pueblo de fuera de la provincia de Alicante. Hasta hace dos días, 150 kilómetros los separaban de ellos. Decidieron poner fin.

«No sabemos cuánto va a durar esto así que decidimos ir a buscar a los niños y tenerlos en casa con nosotros», afirma la médico. Todos ellos son la otra cara del Covid-19 en la comunidad sanitaria, la que punza directamente a la vida personal y la que, en la mayoría de ocasiones, les aleja de sus hijos.

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