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El impacto del 14-F: cómo deja a cada partido en la Comunidad Valenciana

El resultado recoloca ante las expectativas y confirma o frena tendencia para PSPV-PSOE, PP, Ciudadanos, Vox y Unides Podem

  

La pregunta ahora es ¿cómo afecta a cada partido, en la Comunidad Valenciana, el resultado de las elecciones catalanas? Lo hará progresivamente. Y bastante, como ya anticipábamos el pasado sábado, que sucedería en función de los resultados que obtuviera cada formación. Ahora ya los sabemos.

Tenemos claro, de los partidos ‘hermanos’ o iguales que las valencianas, cuáles han ganado (PSC y Vox), los que han perdido (PP y Ciudadanos) y quién ha empatado con sabor a victoria porque se ha quedado como está (En Comú Podem).

El president de la Generalitat, Ximo Puig, ha salido reforzado indudablemente. No por su errática gestión en la pandemia, sino por sus formas y, sobre todo, porque la marca socialista queda claro que sigue tirando. La capacidad de venta de su gestión, de su producto, al electorado, y de conseguir que se la ‘compren’, parece no tener límites. Ni siquiera se los ha puesto la devastación del covid-19 al mismísimo ex ministro de sanidad.

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El PSC ha ganado, como lo hizo el PSOE a nivel nacional dos veces en 2019. Mantiene su racha sin aparente desgaste. Y a eso se suma que en Cataluña lo ha logrado con Salvador Illa, un candidato sin estridencias ni en las palabras ni en los gestos, como, en general, Puig. Un perfil que perfectamente encaja a mucho votante de centro que en otros tiempos se inclinó por Ciudadanos o incluso por el PP. El socialismo tocó suelo con aquellos 85 escaños de 2016. Esa demostró ser su base, la de votante fiel por marca o por ideología. Desde entonces ha sumado por el centro y por la izquierda, repelando a diestra y siniestra, al más puro estilo de partido ´atrapalotodo’.

Resulta curioso que la erosión electoral de la pandemia la sufra la principal formación de la oposición: el PP. Lo demostró perdiendo en julio tres escaños en el País Vasco y ahora cediendo uno en Cataluña cuando parecía que no podía caer más bajo de lo que lo hizo en 2017. Sí, siempre queda el subsuelo debajo del suelo. Una muestra más del deterioro que sufre desde que Pablo Casado y su inseparable Teo García Egea asumieron las riendas. Dos derrotas históricas a nivel nacional y sendos derrumbes en Cataluña y en el País Vasco. Sí, en Galicia revalidó mayoría absoluta. Con Feijóo, claro, palabra mayor.

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Con sus inoportunos renuncios a la gestión de su antecesor, de un Rajoy que ganaba elecciones, Casado no hace más que desmotivar a su electorado. Sus intromisiones en las campañas autonómicas dándoles un tinte de política nacional fuera de lugar y sus imposiciones de estrategia le están haciendo perder credibilidad.

Y dañan la marca PP. Algo que puede perjudicar seriamente en la Comunidad Valenciana, donde en 2019 aparentemente tocó suelo con los 19 escaños actuales. Aunque, insisto, siempre existen el subsuelo y el inframundo. El grupo parlamentario popular en Les Corts va a sufrir durante dos años las pullas de PSPV, Compromís y Unides Podem por sus malos resultados mientras mira de reojo la alargada y creciente sombra de Vox. Todo ello con el añadido de que la dirección nacional siga deshojando la margarita de quién será el candidato a la Generalitat hasta que no ratifique totalmente a Isabel Bonig o hasta que ella no logré imponerse en un congreso autonómico que cada vez parece más cercano.

Y para marcas tocadas, la de Ciudadanos. Con un grupo en Les Corts ya dividido que ahora se verá dirigido, a escala nacional, por un comité ejecutivo que ha quedado desacreditado por los resultados de ayer en Cataluña. En grupos de concejales se pide más protagonismo para Toni Cantó como ejemplo de capacidad de comunicación, una de las carencias que echan en falta en el partido y que está provocando una desbandada de votantes.  Mientras, cargos con peso en la época de Albert Rivera y ahora convertidos en una suerte de ‘zoombis’ políticos, como Fran Hervías o Juan Carlos Girauta, no han desaprovechado nuevamente la ocasión para avivar la pira en la que quieren quemar los rescoldos de Ciudadanos. Como si ellos no hubieran contribuido ya suficiente a apagar la llama.

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La antítesis la constituyen Vox y Unides Podem, que, a la vez, son entre ellas formaciones totalmente antagonistas. Si el suelo siempre puede estar más bajo, el cielo también puede situarse a un nivel más alto, como la estratosfera lo está de la troposfera. Vox  ha demostrado en un territorio en principio tan hostil para su mensaje como Cataluña que tiene capacidad de continuar mejorando holgadamente registros.

De cara a las próximas elecciones autonómicas y locales, las de 2023, ya no va a aspirar, como en 2019, a entrar; ahora puede optar directamente a convertirse en la tercera o incluso segunda fuerza del hemiciclo valenciano y ganar en algunos ayuntamientos. Ya no se trata de un partido ´exótico´ o ´sorprendente´ al que algunos avezados no le auguraban recorrido. La marca Vox cotiza totalmente al alza y eso puede hacerle variar su estrategia en la Comunidad Valenciana y generar que sus rivales se lo tomen más en serio como competidor. O para desgastar al competidor. Como hace el PSOE con el PP.

Por su parte, el aguantar los ocho escaños en Cataluña también puede servir de espejo a Unides Podem en la Comunidad Valenciana, como atenta a la jugada ha destacado su coordinadora, Pilar Lima. Tras perder cinco diputados en los últimos comicios y quedarse sin representación en el Ayuntamiento de Valencia, parecía enfilar el camino de la desaparición, como en Galicia, o del saldo, como en el País Vasco. Pero ha aguantado.

Esto, en plena crisis por el cambio de síndica, rearma sus expectativas y lanza un doble aviso al PSPV, su principal socio de gobierno. Por una parte le señala que puede tener tercera pata del Botánic también para 2023, que previsiblemente entrará en el próximo parlament, y, por otro lado, le demuestra que mantiene su nicho de votos y que el PSOE, socio y a la vez rival electoral, no logra crecer a su costa de manera ostensible.

Lo que ha ocurrido en Cataluña es algo más que un aviso a navegantes en la Comunidad Valenciana. Constituye un serio toque de atención o de prueba de toque para todas las marcas del mercado electoral. Así se cotizan a ya casi dos años de los comicios valencianos. Que incluso podría ser menos tiempo si el president Puig decidiera adelantarlos.

 

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