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Cuatro casos de bullying al día en las aulas valencianas

El hostigamiento se produce cada vez más en edades tempranas, llegando a afectar a alumnos de Infantil o del primer ciclo de Primaria

El bullying sigue aumentando en las aulas valencianas ante la falta de medidas de para reducirlo. Por ello, el curso da sus primero pasos y vuelven a activarse las alarmas ante una de las principales lacras del sistema educativo: el acoso escolar, el hostigamiento grupal con abuso de poder hacia una persona, con gravísimas consecuencias a nivel físico, psicológico y social. Contra la creencia popular de que se trata de un problema de adolescentes, los expertos alertan de que se produce cada vez más en edades tempranas, incluso en las etapas iniciales de la escolarización como Infantil o el primer ciclo de Primaria. Y la marca que deja en un niño pequeño puede resultar indeleble.

La Conselleria de Educación acaba de publicar los resultados de la memoria del curso 2017-2018 sobre convivencia en las aulas, que ofrece la radiografía más actualizada posible. El acoso presencial, el que se asocia al entorno escolar, supuso el 15% de todos los incidentes graves comunicados a la administración. En datos absolutos son 655 incidentes, casi cuatro por cada día lectivo.

Las aulas valencianas vivieron en el curso citado 4.384 episodios con componentes violentos de carácter grave o muy grave, que van desde un acto vandálico hasta un abuso sexual, pasando por peleas o agresiones hacia el profesorado.

La cifra supone un récord desde que se registran las incidencias, aunque no implica que el problema vaya a más. De hecho, el acoso supuso el 13% del total de comunicaciones en el 2016-2017 mientras que al curso siguiente se elevó al 15%, aunque como explican desde la conselleria esto se debe a un mayor uso de la herramienta y a las medidas «incluidas en los planes de igualdad y convivencia de los centros».

Lo que sí indican los datos es que el problema afecta a una parte importante del alumnado, que se incrementa más si se suma el ciberacoso, cuya incidencia escapa muchas veces de las paredes de un centro gracias a las redes sociales y las nuevas tecnologías (TIC). En el curso 2017-2018 se detectaron 253 situaciones de ciberbullying (6% del total), aunque la memoria incluye otra tipología que podría esconder más casos de este tipo, los relacionados con las TIC (832 incidentes).

El informe no profundiza sobre las edades en que se empieza a sufrir acoso, pero da alguna pista cuando analiza por etapas las incidencias trasladadas -las 4.384-. Los centros de Infantil y Primaria protagonizaron el 41,6% de los casos frente al 39,3% del curso 2015-2016 y el 43% del 2016-2017. La tendencia en los institutos de Secundaria es la inversa, pues el último dato es del 33,4% mientras que en el 2015-2016 fue del 35%. Sólo en el curso 2014-2015 el porcentaje fue mayor en los IES que en los Ceips. En cuanto a los concertados, que incluyen toda la educación obligatoria, la memoria no diferencia por etapas educativas.

El grave error de la banalización

El experto en acoso escolar Óscar Cortijo destaca que los estudios sobre el problema en los que trabaja junto al doctor en Psicología Iñaki Piñuel reflejan «una realidad preocupante» en el sentido de que el acoso se inicia en edades muy tempranas. «En 2º de Primaria hay un repunte importante de casos, y la no detección e intervención en estas edades cronifica y agrava el problema», explica, antes de insistir en que no actuar afecta a la víctima «y a los acosadores, que aprenden que estas conductas les proporcionan un reconocimiento social ante el grupo y no interiorizan valores como la empatía y el respeto a los demás».

A su juicio, «la banalización y trivialización de la violencia son factores críticos para responder a la pregunta del origen de estas conductas violentas en edades tempranas». Cortijo pone como ejemplo el considerar una mala acción como una cosa de niños. También influye «no medir y evaluar lo que sucede en el aula o que no haya consecuencias cuando un menor se comporta cruelmente con otro», lo que lanza «un mensaje nefasto» que puede derivar en una «escalada de violencia que si no se detiene llega hasta la edad adulta, manifestándose en otros tipos de violencia como el acoso laboral o mobbing».

Fundación AnarDiez años, la edad media del alumno acosado

Diana Díaz, directora del teléfono de atención a niños y adolescentes de la Fundación Anar, refrenda la idea de la prevalencia del acoso en edades tempranas. Según el último estudio publicado en 2017 junto a la Fundación Mutua Madrileña, la edad media del acosado se sitúa en 10,9 años, aunque advierte de que «suele haber un periodo de entre 13 y 15 meses de gestación», es decir, hasta que la víctima da a conocer su situación, por lo que la edad tipo bajaría hasta los nueve. El perfil del acosador es algo distinto, pues la edad media es de 11,3 años.

Los datos se extraen del análisis de los casos graves atendidos a través del teléfono de ayuda, que incluye otras conclusiones llamativas, pues en el ciberbullying la edad se eleva a los 13,5. Además, mientras que en el acoso presencial la distribución por sexos de los agresores está equilibrada, en el ciberacoso tienen más presencia las chicas.

Asociación Avalcae – Una víctima con apenas cuatro años

La asociación Avalcae empezó a funcionar en el año 2000 y desde entonces ha gestionado 3.425 casos después de que las familias contactaran con ellos. Como explica el secretario general, Francisco Sorolla, el problema ha pasado de centrarse en edades comprendidas entre los 12 y los 14 años a crecer los alumnos afectados con seis, siete u ocho. Incluso refiere un niño de cuatro que sufría agresiones y exclusión social -«no le dejaban jugar con los demás»- que derivó en que los padres lo sacaran de la escuela. A su juicio, el avance del acoso en edades tempranas tiene que ver con el acceso prematuro al teléfono móvil -«muchas veces es una bomba de relojería»- o incluso con que se trasladen conflictos familiares a los niños: «Llega un momento en el que en los centros se forman grupos igual que en la sociedad, y es un error».

A su juicio, es fundamental trabajar desde bien pequeños «la enseñanza de valores y la socialización, trasladando que hacer el bien les va a repercutir», y critica la exposición de los menores a contenidos violentos a nivel mediático y lúdico. También considera básico para combatir el acoso escolar un pacto educativo duradero o un endurecimiento de la ley del menor, teniendo en cuenta que actualmente los menores de 14 años son inimputables desde el punto de vista judicial.

«Supe que pasaba algo por la tristeza de mi hija»

«Mi hija empezó a recibir malos tratos en el comedor. La insultaban, se reían de ella en grupo, le tiraban comida o le daban balonazos». Son palabras de José (nombre ficticio), padre de una alumna de Primaria que estudia en un centro del área metropolitana, que no se identifica para proteger su intimidad. Se dio cuenta de que algo pasaba con el cambio de actitud. «Estaba muy triste pese a que siempre ha sido abierta», explica. Pese a que pidió al centro que interviniera, el protocolo aplicado acentuó su estado de ánimo, por lo que pidió ayuda a Avalcae. «Lo dejamos porque no ayudaba y la inscribí en una extraescolar que mejoró su autoestima; también ayudó ver que me implicaba en su caso y el apoyo de la asociación», dijo.

La evaluación y las tutorías personales, ejemplos de éxito

La cultura de la prevención de la violencia escolar cada vez cala más en los centros a través de los planes de igualdad y convivencia. Además, son muchos los casos de éxito reconocidos, desde las tutorías entre iguales (el apoyo de un alumno mayor a otro recién llegado para facilitar su integración) hasta el acompañamiento personal por parte de docentes, así como la evaluación sistemática de lo que sucede en las aulas para anticipar problemas.

El colegio diocesano María Inmaculada de Alfafar lleva varios cursos funcionando con las tutoría personales, que implican a todos los docentes y que se aplican en toda la Secundaria y en 6º de Primaria. «Con ellas mejoramos el clima del colegio y las relaciones interpersonales y de disciplina, llegando de una manera más personalizada al alumno», explica la directora, Carmina Guerola. Básicamente cada alumno tiene un docente de referencia con el que puede tratara cualquier cuestión más allá del ámbito académico. «Se busca mejorar la actitud del alumno potenciando las cosas positivas que posee, intentamos que los alumnos se sientan capaces de hacer ciertas cosas que quizá sin un apoyo exterior les costaría más», continúa, antes de destacar que también tiene beneficios desde el punto de vista académico.

«En definitiva lo que se busca con este proyecto es ayudarles a ser mejores personas, a que adopten decisiones de mejora en su vida y que se formen en sus relaciones con los demás en la comprensión, el respeto, la empatía, el compañerismo o la generosidad», añade.

En los colegios de la Fundación CEU San Pablo aplican el programa AVE, que consiste en implantar acciones que aminoran este tipo de conductas y permite que el centro disponga de la información necesaria para actuar. Como explica Óscar Cortijo, que también es Director de Personas de la Universidad Cardenal Herrera, uno de los ejes es la sensibilización y formación de toda la comunidad educativa. «La implicación de todos los agentes unida a la medición periódica mediante el cuestionario TBAE y un enfoque preventivo con dinámicas contrastadas en el aula ha arrojado unos resultados muy significativos», explica, antes de añadir que les permite una «intervención temprana» para que los casos no se agraven.

Por otro lado, Diana Díaz, de la Fundación Anar, señala que los «cambios bruscos de comportamiento o de estado de ánimo, encontrar a los hijos más tristes o irritados, situaciones de aislamiento, de bajada del rendimiento o de daños en el material escolar» son señales de alerta que pueden indicar que se está sufriendo situaciones de acoso escolar.

Informa Erik Encinas.

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