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Confinamientos nocturnos puede reducir el 30% de los brotes

El «descontrol» de fiestas y reuniones clandestinas genera los focos más importantes

El sábado 10 de octubre, recién estrenado el segundo estado de alarma en la capital, el grupo de amigos aprovechó una casa sin padres para reunirse. Allí se apiñaron, en un pequeño salón, los 18 jóvenes, desde las 22.30 horas hasta las 5 de la madrugada, sin guardar ninguna medida de seguridad: ni mascarillas, ni distancia, ni ventilación, ni horarios. Sí hubo alcohol y un breve espejismo de lo que debía ser la mayoría de edad antes de la pandemia. La diferencia está en que hoy 7 están infectados. «En ese salón era todo Covid», reconoce Pedro. En realidad, no se llama Pedro, pero el joven pide cambiar su nombre: sus padres no sospechan ni cómo ni dónde se infectó. Igual que los del resto de sus compañeros.

No son los únicos en España en esta situación. Aunque el Ministerio de Sanidad no publica datos de cuántos contagios son «nocturnos», sí se sabe que el ámbito en el que se ha producido esta semana el mayor número de brotes continúa siendo el social. En concreto, suponen el 29,8% de los brotes y el 26,9% de los casos de todos los registrados. Y solo en reuniones familiares y de amigos, esta semana se han detectado 338 brotes con 2.060 contagiados, por encima de los 193 brotes y 1.263 casos de hace tan solo una semana. Por ello, en palabras del director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón: «Limitar la movilidad nocturna podría favorecer mucho el control de la transmisión porque ahí están los focos más importantes».

Si el objetivo fueron primero los temporeros, después las empresas cárnicas y luego los colegios, ahora es el turno de preocuparse por «la noche». Andalucía, Comunidad Valenciana o Castilla y León, comunidades que van a implantar de forma inmediata el toque de queda –tras el aval de los tribunales–, pero también la mayoría de comunidades, ponen ya en la diana las fiestas y reuniones que se producen al margen de la hostelería. «Por las noches nos relajamos más en cuanto a medidas higiénico sanitarias», defendía el consejero andaluz de Salud, Jesús Aguirre, al anunciar el confinamiento nocturno de los ciudadanos en Granada.

Porque, pese al cierre de discotecas y pubs y las limitaciones a los bares y restaurantes, el ocio nocturno no ha desaparecido. La prueba está en las multas. En Madrid, a lo largo del segundo estado de alarma, la Policía municipal ha impuesto 2.748 sanciones por botellón y ha intervenido en 250 fiestas en domicilios. En León, en las últimas dos semanas, se han intervenido en 57 fiestas privadas y once botellones. En Granada, un sábado normal son más de 50 multas por estos mismos motivos. Y en Valencia ciudad, ya llevan un total de 2.795 sanciones por botellón desde el mes de julio.

Desalojos

En Cataluña, la Generalitat había confiado hace ocho días en el cierre de bares y restaurantes como la medida necesaria para atajar la actividad social, que se estima que puede estar detrás de cerca del 70% de los contagios. Y aunque es pronto para evaluar la efectividad de la medida, ya que las autoridades sanitarias se dan dos semanas de margen para ver su impacto en las cifras, lo cierto es que el incivismo no ha desaparecido de la vía pública, sobre todo por la noche.

«No es de ninguna manera tolerable que el fin de semana hayamos tenido que desalojar 300 o 400 personas de determinados espacios públicos», se quejaba hace escasos días el teniente de alcalde de Seguridad de Barcelona y máximo responsable de la Guardia Urbana, Albert Batlle, que avisó de que «ha habido un cierto relajamiento y esto no puede ser: vamos a endurecer el sistema de sanciones».

Los últimos datos municipales son desalentadores: el pasado fin de semana, ya sin bares y restaurantes a los que acudir, hubo en Barcelona 647 denuncias por consumo de alcohol en la calle (el doble de las que se produjeron por no llevar la mascarilla). Además, 2.876 personas fueron desalojadas del espacio público.

«De día las medidas se cumplen más, se hace un uso pacífico y familiar de la vía pública, pero de noche hay grandes grupos concentrados, con dinámicas alrededor del consumo de alcohol y con una clara relajación de medidas», reconocen a ABC fuentes municipales. Además, los cuerpos policiales asumen que estos colectivos incívicos están cada vez más alerta ante la llegada de agentes y suelen huir fácilmente. Por todo ello, se confiaba en que el cierre de los supermercados 24 horas a las 22 horas –nueva restricción de esta semana–, y los llamamientos de responsabilidad ciudadana sirvieran de algo más. El estado de alarma solicitado ayer para que el Govern tenga el mando y pueda declarar el toque de queda nocturno puede ser decisivo para cambiar estas malas prácticas.

Reuniones por el día

No obstante, los expertos insisten en que el toque de queda debe ir acompañado de otras medidas. Para Estanislao Nistal, virólogo y profesor de Microbiología de la Universidad CEU San Pablo, «lo crucial es concienciar a la gente de que los contagios también se producen en el ámbito privado. Y ahí está el gran reto del toque de queda, que no sé si va a lograr contener o no. Sin concienciación, no sé si va a funcionar: seguirá habiendo comidas y reuniones por el día».

También Ángel Gil de Miguel, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos, apunta a que el problema «no es la hora», sino «el comportamiento de la gente». «Lo importante es entender que tenemos una incidencia muy alta y que si no la controlamos podemos tener grandes problemas. Por eso es necesario tomar medidas fuertes».

«A falta de poder hacer un confinamiento radical, debemos intentamos recortar contagios de aquí y allá», explica Salvador Macip i Maresma, Profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud en la Universidad Oberta de Cataluña (UOC). Pero hay que hacer un balance entre lo que se puede o no limitar. «¿Dónde se aglomera más gente? Quizá en el transporte público y en los colegios, pero eso no lo podemos cortar, debe seguir funcionando. La siguiente actividad “renunciable” es el ocio y las reuniones sociales. Dentro de lo “sacrificable” es lo que más beneficios nos puede aportar», asegura Macip, informa María Lozano.

En Francia, tras una semana de toque de queda en ciudades como París, el ministro de Sanidad galo aún no se atreve a hacer un balance sobre su efectividad. Pero sí que se han difundido los correspondientes a la Guayana francesa, que aplicó la medida primero en marzo, y después otra vez en verano. Según un estudio prepublicado la semana pasada, al que contribuyó el Instituto Pasteur y que difunció el diario «Liberation», la aplicación del toque de queda redujo la tasa de transmisión del virus en un 36%: pasó de 1,71 a mediados de junio, a 1,14 justo después del inicio de la medida.

 

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