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Cómo cuidar la piel a los 50 años

Es inútil resistirse. Nos guste o no (y suele ser que no), a todos nos llega. «El envejecimiento cutáneo es un proceso complejo que se manifiesta como una reducción progresiva de la función máxima y la capacidad de reserva de la epidermis, la dermis y la hipodermis», explica Cristina de las Heras, doctora de Clínica Dermatológica Internacional (Madrid).

Para que entendamos mejor el proceso, De las Heras nos aclara que, atendiendo a la diversidad de factores que participan en el envejecimiento, pueden señalarse siete tipos y, por lo tanto, otras tantas líneas de actuación para intentar mitigar su avance:

. Cronológico, marcado por el transcurso del tiempo.

2. Genético, escrito en nuestro ADN (envejecimientos prematuros, fototipo…).

3. Conductual, condicionado por nuestra dieta, el tabaco, el alcohol, etc.

4. Fotoenvejecimiento, debido a la radiación ultravioleta e infrarrojos.

5. Catabólico, ocasionado por enfermedades debilitantes crónicas.

6. Por la gravedad.

7. Endocrino, cuyo origen se encuentra en alguna disfunción de los sistemas hormonales (ovarios, tiroides…).

A todo esto habría que añadir, además, un factor que cada vez suscita más interés en el proceso de envejecimiento cutáneo que es el papel de las hormonas, especialmente, a partir de los 50 años. «La piel es un órgano ‘dependiente’ de las hormonas, rico en receptores de estrógenos y proteínas asociadas. . El efecto de la menopausia en la biología de la piel y la influencia de los tratamientos hormonales son retos compartidos por dermatólogos y ginecólogos«, aclara la doctora De Las Heras.

Durante la perimenopausia, prosigue, «la estructura de la capa córnea se modifica conduciendo a cambios sutiles en la función de la barrera cutánea, e incluso, a una xerosis climatérica conocida popularmente como ‘piel seca'». Como consecuencia, «la piel, a partir de los 50, resulta más sensible a agresiones ambientales, como la luz solar, el frío o la sequedad ambiental».

Por otro lado, añade, se produce «una reducción del contenido de colágeno en la dermis asociada a la disminución de estrógenos a esta edad». La característica primordial, en esta etapa de la vida, es «la existencia de una importante laxitud cutánea, relacionada con la disminución de colágeno de la piel así como del grosor de la dermis«.

Otro factor importante responsable de esa laxitud es «la alteración de las fibras de elastina con la disminución de estrógenos». A esto hay que añadir «el efecto sumatorio de las otras causas de envejecimiento facial como la suma de años sujetos al efecto gravitacional, la exposición al sol sin protección, etcétera».

LOS MEJORES TRATAMIENTOS

Cristina de las Heras relata que, en los últimos años, se han incorporado a la lista de tratamientos tópicos «varios principios activos para la corrección de los signos del envejecimiento, como los ácidos transretinoicos (tretinoina) y sus profármacos como el retinol, el retinaldehido y los ácidos 13-cisretinoicos (isotretinoina), así como los alfa-hidroxiácidos y el beta-lipohidroxiácido».

El retinol , que es el compuesto más conocido de todos ellos, «favorece la renovación de las células epidérmicas, disminuye la cohesión entre las células de la capa córnea y favorece su descamación».

De igual modo, «dado que los melanocitos vierten su pigmento al estrato córneo superficial, la aplicación de retinol conduce a una disminución de algunas hiperpigmentaciones cutáneas». Está asociado, también, «a una mejoría de la textura de la piel, mejorando la viscoelasticidad de la misma y evitando la formación de las arrugas finas de expresión acentuadas por un aumento de la sequedad».

La vitamina C, por su parte, es «un potente antioxidante que revierte la formación de radicales libres, causantes del estrés oxidativo y del envejecimiento prematuro». Además, participa en «la formación de colágeno en la dermis y se le asocia un efecto ligeramente despigmentante».

Molécula que sintetizan las plantas en respuesta a factores estresantes, «el resveratrol, aplicado tópicamente, es un gran antioxidante que actúa, no solo contra los efectos de la radiación ultravioleta, sino también sobre los receptores estrogénicos por lo que se usa tanto para tratar el fotoenvejecimiento causado por el sol como el puramente cronológico«.

También es «capaz de inhibir la tirosinasa implicada en la melanogénesis, ofreciendo una protección ante la posibilidad de desarrollar léntigos y melasmas». Diversos estudios ‘in vitro’ han demostrado su poder para «inhibir la proliferación de algunas células por lo se sugiere un potencial uso en el cáncer de piel».

Todavía hay más. «Los alfa-hidroxiácidos, además de exfoliantes, son humectantes. Aumentan la capacidad de las células epidérmicas para atraer agua, lo que aporta mayor hidratación a la piel».

Existen diferentes principios activos que se eligen «en función de las necesidades de cada piel: más encaminados a mejorar la coloración, las arrugas, los brotes acneicos asociados a los cambios hormonales, etc».

CÓMO APLICARLOS

Hasta aquí los productos que deberíamos usar. La pregunta es: ¿cómo y cuándo lo hacemos? «Lo más conveniente es utilizar un antioxidante por la mañana (vitamina C, ácido ferúlico, incluso resveratrol) para evitar la formación de radicales libres a lo largo del día. Suelen presentarse en forma de sérum o soluciones muy ligeras que favorecen su absorción».

Posteriormente, podríamos aplicarnos «una crema que aporte confort e hidratación a la piel». Para saber cuál es la más indicada debemos tener en cuenta «factores, como el tipo de piel y su estado de hidratación en el momento actual». En ocasiones, aclara, «no es necesario utilizar crema y pasaríamos directamente a la aplicación de un protector solar«.

La protección solar es vital en sí misma «para evitar el daño al ADN de las células encargadas de generar colágeno, los fibroblastos». De igual modo, «disminuye la activación de los melanocitos células formadoras de melanina y causantes de la aparición de léntigos solares y otras manchas. Hay que recordar que nuestro mejor sistema natural de protección solar es la melanina. Gracias a ella, las radiaciones UV y los infrarrojos no destruyen nuestra piel. Sin embargo, un exceso de sol produce desórdenes en la síntesis de esa melanina».

Los principios activos con capacidad exfoliante, como los retinoides e hidroxiácidos se aplican «exclusivamente por la noche para evitar que la piel esté demasiado sensibilizada a la luz y mejorar su tolerancia».

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Para iniciarse en su uso, se recomienda «aplicar el retinol únicamente dos noches a la semana e ir aumentando, poco a poco, hasta conseguir la tolerancia». En función de las necesidades, «se pueden alternar con los hidroxiácidos«. En ocasiones, también es necesario recurrir «a una crema confort durante las primeras semanas de aplicación».

En cualquier caso, este especialista de Clínica Dermatológica Internacional subraya que «quien aprende a cuidarse siendo joven interiorizará esos hábitos saludables para el resto de su vida».

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