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Cómo cambia el cuerpo del hombre en cada década

¿Cómo va cambiando el peso y la composición corporal en cada década de la vida del hombre? ¿A qué síntomas urológicos debe estar atento el varón en cada década? ¿Su fertilidad desciende a partir de una determinada edad? ¿Cómo puede cuidar su corazón? ¿Qué problemas pueden ir sufriendo su piel y cabello?

Para responder a todas estas cuestiones, CuídatePlus ha hablado con especialistas en Endocrinología, Urología, Cardiología y Dermatología, y esto es lo que cuentan.

A los 20 años

Hombre joven corriendo.

“Conforme avanza la edad, los distintos factores metabólicos y hormonales hacen que se produzca una alteración del gasto de energía, que son variables en función del sexo. Un varón de una determinada edad, altura y peso tiene un 10% más de gasto energético en reposo que una mujer en las mismas condiciones. Las hormonas sexuales incrementan el gasto energético en reposo y, en concreto, más los andrógenos (testosterona) que los estrógenos”, puntualiza Alfonso Gálvez, especialista en Nutrición y responsable de la Unidad de Obesidad y Nutrición del Hospital Vithas Granada.

“El mantenimiento o la variación del peso corporal depende del balance entre la energía que ingresamos con los alimentos y la energía que gastamos en mantener las funciones vitales básicas, en hacer la digestión y con la actividad física que realizamos. Cuando se es más joven, es más fácil perder peso, porque el gasto energético en reposo es mayor. Conforme va avanzando la edad, el gasto energético en reposo disminuye, de tal manera que por cada década disminuye un 5%”, añade Gálvez.

Según Alejandro Molina, urólogo del Hospital Vithas Valencia Consuelo, “entre los 20 y 40 años lo cierto es que el varón no experimenta demasiados cambios con el paso del tiempo. El síntoma urológico y andrológico al que hay que prestar atención es la detección de masas testiculares, por lo que es importante la autopalpación testicular regular y consultar precozmente al especialista ante la aparición de un bulto en un testículo”.

«En la etapa de los 20 años, lo más probable es que tengamos problemas con el acné. En cuanto al cabello, es raro, pero en algunos hombres pueden empezar los primeros signos de alopecia androgénica, aunque normalmente suele aparecer más tarde», menciona Enrique Herrera Acosta, jefe de Dermatología del Hospital Vithas Xanit Internacional y del Hospital Vithas Málaga.

A los 30 años

Hombre con hamburguesa en la mano.

“A lo largo de la edad, el cambio más importante en la composición corporal se podría definir con el término de adiposidad, que se refiere a la sustitución de la masa magra (masa muscular o masa libre de grasa) por grasa corporal, con mantenimiento de peso. Es diferente a la obesidad, que es aumento de peso corporal a costa del aumento de grasa”, explican Francisco Moreno Baro y Alicia Picón Martínez, especialistas en Endocrinología y Nutrición del Hospital Vithas Almería.

Así, a partir de los 30 años, el aumento de peso empieza a acumularse preferentemente en forma de grasa en lugar de músculo.

Según el especialista en Nutrición de Vithas Granada, “cuando se produce un déficit de hormonas sexuales, en los varones por la edad (se estima que un 2% al año a partir de los 30-40 años), disminuye el gasto energético en reposo y es más probable que se gane peso, si no se modifican los hábitos de alimentación y de actividad física. Pero la disminución significativa de otras hormonas, con el proceso de envejecimiento, como la hormona del crecimiento y las hormonas tiroideas, provoca también un aumento de grasa corporal y una disminución de la masa muscular”.

Juan Sterling Duarte, cardiólogo del Hospital Vithas Vigo, subraya que “los cambios hacia un estilo de vida cardiosaludable en el hombre adulto deberían comenzar por el control médico preventivo a partir de los 30 años de edad y considerar, en general, practicar actividad física regular y una nutrición saludable para el corazón, una suspensión completa del tabaquismo y llevar un control del peso corporal”.

A escala global, una de cada diez personas entre 30 y 70 años muere prematuramente de una enfermedad cardiovascular, como las cardiopatías y los accidentes cerebrovasculares. La buena noticia es que, al menos, un 80 % de estas muertes prematuras podrían evitarse o posponerse. ¿Cómo prevenir a esta edad la enfermedad cardiovascular isquémica? Sterling Duarte ofrece las siguientes recomendaciones:

  • Realizar una actividad de intensidad moderada durante al menos 30 minutos al día, cinco días a la semana, y hacer pequeños cambios en la vida diaria como subir escaleras o bajarse antes del autobús.
  • Dejar de fumar.
  • Dieta más equilibrada, intentando consumir cinco porciones de fruta y verdura al día.
  • Control de la tensión arterial.

Además, el cardiólogo da estas claves para una práctica deportiva segura para el corazón:

  • Conócete. Toma conciencia de tus limitaciones, así como de tus fortalezas y cualidades físicas para practicar el deporte con la intensidad y frecuencia que permitan tus posibilidades constitucionales.
  • Adecúa la actividad física a tus capacidades. Elige una práctica deportiva acorde a tus características de altura, peso, fuerza y estado de forma, sin superar tu capacidad máxima de esfuerzo.
  • Déjate guiar por los profesionales. Un reconocimiento predeportivo permite saber cuál es la mejor actividad física para la persona reconocida en virtud de sus cualidades físicas, así como para descartar patología cardíaca previa que se pudiera precipitar y desarrollar con el ejercicio.
  • La edad no imposibilita, pero condiciona. La edad limita la frecuencia cardíaca máxima para desarrollar un ejercicio. Esfuerzos desmesurados pueden poner tu salud en peligro.
  • El deporte es un estilo de vida. La práctica deportiva frecuente ha de complementarse con hábitos de vida saludables que disminuyen los factores de riesgo cardiovascular, como alimentación sana, descanso, control de los niveles de colesterol y del índice de masa corporal (IMC), vigilar el nivel de glucosa en sangre, no fumar y controlar la presión sanguínea.

En la piel del hombre, «a partir de los 30 años, comienzan a aparecer las primeras arrugas de expresión y ciertas pérdidas de hidratación. Es el momento en el cual empiezan las consultas más frecuentes por dermatitis prevalente como pueden ser psoriasisrosácea… La alopecia androgénica normalmente es bastante prevalente a partir de la tercera década de la vida», describe Herrera.

A los 40 años

Hombre de perfil con barriga.

“A los 40 años, la pérdida de masa libre de grasa se produce a un ritmo del 8% por cada 10 años”, dicen Moreno y Picón.

“Existen estudios que demuestran que conforme envejecemos la grasa subcutánea, que se encuentra situada debajo de la piel, disminuye, y la grasa visceral, localizada en la cavidad abdominal, aumenta. Esta última es la causante de una inflamación sistémica, factor de riesgo para enfermedades, como la enfermedad coronaria, los accidentes cerebrovasculares y un mayor riesgo de mortalidad”, expone Gálvez. Por eso, da la siguiente recomendación: “Tengamos sobrepeso o no, para intentar evitar ganancias de peso significativas conforme nos vamos haciendo mayores, es fundamental la prevención, mediante el mantenimiento de una dieta saludable, un reparto adecuado de la ingesta y de una actividad física regular desde edades tempranas”.

A partir de los 40 años, indica Molina, “el riesgo de tumor testicular empieza a disminuir, aunque no está demás mantener la autoexploración en el tiempo. En esa década pueden empezar los primeros síntomas relacionados con el crecimiento prostático, pero suelen ser muy leves en caso de existir, como es el caso de disminución del caudal del chorro miccional con la primera micción de la mañana. Por otro lado, la rigidez de las erecciones puede experimentar una disminución, sin que por ello haya un problema de disfunción eréctil”.

Tradicionalmente se ha pensado que al hombre “no se le pasaba el arroz”, tal y como recuerda el urólogo de Vithas Valencia Consuelo, “pero estudios recientes desmienten este mito. Si bien es cierto, en comparación con la mujer, la capacidad reproductiva del varón se ve menos afectada a lo largo del tiempo. A partir de los 40 años, la capacidad reproductiva del hombre desciende a un 60% (en el caso de una mujer de la misma edad cae hasta un 5%). A partir de esta edad, las posibilidades reproductivas en el hombre descienden a un ritmo de un 7% anual. Así, podemos decir que la calidad del esperma del hombre disminuye al llegar a los 40 o 50 años”.

A los 40 años de edad, como destaca el dermatólogo de Vithas, «al igual que a los 30, la alopecia androgénica es probablemente la consulta más frecuente que vemos en los varones, junto con enfermedades como la rosácea. A partir de los 40, empiezan las primeras manchas y los primeros síntomas de pérdida de elasticidad.

A los 50 años

Primer plano de un hombre de perfil.

“A partir de los 50 años, la masa muscular disminuye un 10% por cada década”, comenta Gálvez.

Para el especialista en Urología de Vithas Valencia Consuelo, “la década de los 50 años es un buen momento para iniciar un chequeo prostático, tanto para valorar síntomas urinarios, como para realizar un primer cribado de cáncer de próstata, mediante una exploración digital y un PSA”.

“Entre los 50 y los 70 años es la franja etaria en la que son más frecuentes los infartos en el hombre, aunque últimamente es posible encontrar esta patología en varones de 30 a 40 años. En la mujer suele ser más tardío, sobre todo a partir de la menopausia”, afirma Sterling Duarte. Y es que “las enfermedades cardiovasculares suelen ocurrir generalmente para ambos sexos, lo que sucede es que suelen enfermar más los hombres y los factores de riesgo son más habituales más en varones que en mujeres”.

En la quinta década de la vida, explica Herrera, «la flacidez empieza a aparecer junto con las arrugas más marcadas y comienzan a notarse los primeros signos del fotoenvejecimiento y pueden surgir problemas de cáncer de piel o precáncer de piel. En esta fase de la vida ya han perdido la mayoría de cabello las personas que sufren alopecia; es una etapa de estabilización, es decir, la gente que tiene alopecia suele estar ya estable».

A los 60 años

Pantalla muestra aparato reproductor masculino.

A partir de los 60 años, prosigue Molina, “los síntomas prostáticos pueden ser más manifiestos, de manera que la disminución en el chorro miccional, la sensación de no vaciar completamente al orinar, levantarse por la noche para orinar y el aumento de la frecuencia de micción durante el día son motivo para una consulta urológica para evaluar la función miccional y la salud prostática. Por otro lado, la calidad de las erecciones puede verse afectada en mayor medida, especialmente en aquellos pacientes con antecedentes de riesgo cardiovascular (fumadores o exfumadores, con hipertensión arterialdiabetes, dislipemia, cardiopatía, obesidad, etc.). No poder tener una erección firme como para penetrar o bien perder la erección durante el acto sería motivo para consultar al especialista”.

Según Herrera, a los 60 y los 70 años de edad «lo más importante es la sequedad de la piel. Probablemente, el prurito es la principal causa de consulta de Dermatología, junto con la sequedad y enfermedades derivadas del envejecimiento y fotoenvejecimiento. Todo lo derivado del cáncer de piel, como los carcinomas basocelularescarcinomas espinocelulares, se dan también. En la sexta y séptima década de la vida, la alopecia ya no es motivo de consulta frecuente, puesto que ha sido previamente establecida a lo largo de los años».

A partir de los 70 años

Hombre mayor.

“Después de los 70 años el ritmo de pérdida de masa libre de grasa o proteína muscular es de hasta el 15% cada 10 años”, advierten los endocrinólogos del Hospital Vithas Almería.

Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce a la población anciana como uno de los grupos más vulnerables desde el punto de vista nutricional. Esta vulnerabilidad se debe a los factores geriátricos como cambios anatómicos y fisiológicos que ocurren durante el envejecimiento, a la falta de movilidad, al aislamiento social, a la alta prevalencia de enfermedades crónicas y el elevado consumo de una variedad de fármacos que se relacionan con la inactividad física, menor estímulo anabólico, menor ingesta dietética, menor síntesis de proteínas e infiltración de grasa en el músculo.

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