HomeActualidadChicho Ibáñez Serrador: de la España del No-Do a la España del sexo «MUERE A LOS 83 AÑOS»

Chicho Ibáñez Serrador: de la España del No-Do a la España del sexo «MUERE A LOS 83 AÑOS»

Muerte de un mito del audiovisual. El cineasta y realizador nacido en Uruguay llegó en 1963 como un terremoto catódico a una España en blanco y negro

Españoles: Chicho Ibáñez Serrador ha muerto a los 83 años. Lo mismo para un roto que para un descosido. Cuerpos putrefactos, manos que salen de la tierra, un programa para hablar de sexo o el concurso más visto de la historia de la televisión española, con más de 20 millones de espectadores en un país de 38 millones de habitantes. Hagan las cuentas. Cuarenta años de generaciones y generaciones de españoles han crecido, de una forma u otra, en los brazos catódicos de una persona que fue moderna sin saberlo y que con su modernidad hizo que la memoria emocional de los televidentes pasase de la grisura del No-Do al maravilloso cajón de sastre que fue ‘Un, dos, tres’ o al famoso ‘striptease’ de Irán Eory en ‘Historia de la frivolidad’: Narciso Ibáñez Serrador, Chicho para amigos y admiradores, que son muchos.

Contaba hace muchos años Ibáñez Serrador que más de una vez le pasó que la gente a la que le presentaban le decía : «¡Hombre! ¡Ibáñez Serrador! El señor que hace cosas de miedo y el señor que hace cosas de terror. Usted, eh, debe de ser muy morbosillo. Usted debe tener un cerebro muy raro…». Porque Ibáñez Serrador, provocador nato, llegó en 1963 a España desde Argentinacon sólo dos bobinas de trabajo bajo el brazo que sirvieron para convertirlo en el mesías que venía a salvar una televisión obsoleta y demodé que quería probar al mundo que el país, a pesar de la dictadura, tampoco estaba tan mal. «En el año sesenta y pocos me encontré con una televisión privada, una televisión que nadie, salvo a los técnicos, habían enseñado a hacerla», cuenta en un programa especial en su homenaje confeccionado por RTVE. Más de medio siglo después de su aterrizaje, el reconocimiento de su influencia es tal, que directores y cinéfilos no pueden sino seguir agradeciéndole su impronta, no sólo en la pequeña pantalla, sino también en la grande.

Seguramente usted, lector, también ha sido hijo putativo de Ibáñez Serrador. Probablemente se haya escondido detrás del sofá mientras veía de soslayo ‘Historias para no dormir’ o le entraba la risa floja cuando escuchaba a Elena Ochoa tratar la masturbación en ‘Hablemos de sexo’ o soñó con un apartamento en Torrevieja cuando Torrevieja era la meca del turismo vacacional de la clase media patria con ‘Un, dos, tres’.

Narciso Ibáñez Serrador en una imagen de 'Mis terrores favoritos'. (RTVE)

                                                                            Narciso Ibáñez Serrador en una imagen de ‘Mis terrores favoritos’. (RTVE)

A principios de 2017, Álex de la Iglesia fue el encargado de entregar el Premio Feroz Honorífico al director, nacido en Montevideo en 1935. «Va a venir una persona que me importa y admiro mucho así que nada de ¡que moñas! ¡que guay! Es uno de los directores que más nos ha influenciado a los que estamos trabajando ahora. Quería hacer el cine que a él le molaba. Lo hacía todo tan bien que reconocer que era bueno y encima teniendo tanto exito… era muy complicado». No era la primera vez que De la Iglesia reconocía la influencia en su obra del responsable de películas como ‘La residencia’ (1970) o la modernísima ‘¿Quién puede matar a un niño?’ (1976), con la que subvirtió todos los códigos que hasta entonces se habían utilizado en el cine de terror.

«‘El asfalto’ es uno de los recuerdos más impactantes de mi infancia, una de esas cosas que de pronto veías en la tele y decías, ¿qué es esto?, ¡y está hecho aquí!, ¡qué bueno!», recordaba el director de ‘La comunidad’ (2000) en el programa homenaje de RTVE. «‘Historias para no dormir’ fue un shock en la época. Yo era muy pequeño, pero lo recuerdo perfectamente, aquellos episodios de terror que te abrían a un mundo nuevo». «Es un referente, es un clásico, es uno de los más grandes directores que ha habido en este país».

Bayona, otro de los tótems del cine español actual, compartió programa en 2016 en el ‘Leit Motiv’ de Andreu Buenafuente y no pudo evitar arrodillarse ante «un maravilloso director», que «ha tenido la generosidad de habernos educado viendo películas». «Yo recuerdo irme a dormir y, desde la cama, escuchar la sintonía con ese grito tan fuerte y estridente de una mujer al cerrarse una puerta y, sólo eso, me provocaba un terror absoluto«, recordaba el cineasta catalán en otro momento. «Nos enseñó a amar el cine de terror».

Una infancia triste

«Yo era un niño muy triste porque padecía una enfermedad, que era púrpura hemorrágica, muy parecida a la hemofilia. Entonces no podía jugar al fútbol, en los recreos yo no podía salir. Me tenía que quedar en clase. Y eso fue creando un ser que asimiló que nunca podía ser nada», ha contado en más de una ocasión Ibáñez Serrador. La única opción de compañía fueron los libros, dado que además, sus padres, actores de teatro, se pasaron su infancia de gira, continuando una tradición que había empezado en el siglo XIX con los abuelosNarciso Ibáñez Cotanda y Consuelo Menta Ágreda, que tenían una compañía de variedades en España y quienes, según cuenta Carlos Urrutia, biógrafo de Ibáñez Serrador, se fueron a Argentina alrededor de 1920.

Su madre le pidió perdón mil veces, por haberlo abocado a una vida errante y de cierta soledad, con un padre, además, ausente desde el divorcio de la pareja cuando Ibáñez Serrador tenía cuatro o cinco años. «Nunca fue una madre tierna, ni de besitos ni de caricias, una madre seca, inteligentemente seca, que me fue formando sin que yo lo supiera», recuerda el cineasta. Cuenta también que aprendió, gracias a ella, el oficio desde cero, primero como acomodador, luego como taquillero, y subiendo y subiendo puestos hasta llegar a realizador. Y cuando decidió irse a Egipto, todavía joven, su madre simplemente le advirtió que tuviera cuidado al cruzar la calle.

Chicho Ibáñez Serrador y su madre Pepita Serrador. (RTVE)

                                                                                 Chicho Ibáñez Serrador y su madre Pepita Serrador. (RTVE)

Cuando decidió mudarse a España y hacer carrera, simplemente tuvo que aplicar a la televisión y al cine todo lo que el teatro le había enseñado. Llegó a los estudios de RTVE en Paseo de la Habana, mostró su arte y venció. ‘Historias para no dormir’, que tuvo tres temporadas (1966, 1967-68 y 1982)fue un revulsivo en plena televisión franquista. «‘Historias para no dormir’ supuso poner en antena algo que hasta entonces nunca se había visto en España, algo que el público estaba esperando casi sin saberlo: ver unas historias, de más o menos miedo, pero que siempre sorprendían con golpes de efecto inesperados», le contaba en 2016 Ibáñez Serrador por email a El Confidencial través de su hijo Alejandro.

Sus producciones jugaron a sortear la censura, aunque en una ocasión le censuraron una producción que trataba sobre la censura en televisión. «Mientras se centraba en que las mujeres no llevasen grandes escotes ni mostrasen las piernas, era posible ‘colarle’ en cierta manera algunas otras cosas, aunque es cierto que el terror clásico no da tanto ese tipo de problemas como podían hacerlo otros temas».

Otra imagen de Narciso Ibáñez Serrador.
                                                                                          Otra imagen de Narciso Ibáñez Serrador.

Con ‘Un dos, tres’cuya primera edición fue en 1972 y la última en 2004, consiguió mezclar el teatro de varietés con el concurso televisivo, en un totum revolutum en el que cabía casi cualquier cosa y que mantuvo a las familias enteras pegadas al televisor. Según una de sus presentadoras, Mayra Gómez Kemp, el programa llegó a tener 24 millones de audiencia. También recuerda cómo fue su salida del formato más visto de la historia: «Un día abro el periódico y leo que vuelve el ‘Un, dos, tres’, pero que vuelve con otras personas, que no lo hago yo. Creo que me merecía una llamada de teléfono, porque estaba en todo su derecho: era su programa. El jefe no me falla, me falla el amigo«.

Según Mayra Gómez Kemp, ‘Un, dos, tres’ llegó a tener 24 millones de audiencia

«Tenía ese lado malévolo. Tenía esa psicología que él utilizaba de que si te ponía al límite tu ibas a crecer y dar lo mejor de ti”, ha confesado por su parte Míriam Díaz Aroca, que presentó el programa sustituyendo a Kemp. «Pero no todo el mundo sabe estar al límite». Después de conseguir convertir tu programa en lo más visto de la historia de la televisión española, ¿qué queda? Pues ilustrar a la España más casta en las artes amatorias —eso sí, desde un punto de vista totalmente didáctico—, los métodos anticonceptivos y la masturbación, y desterrar el tabú del sexo de una sociedad que en 1990 todavía creía que hablar de ello en televisión era una «guarrería».

Muerto Chicho toca seguir reconociendo al hombre que cambió a la España del No-Do por la de las historias de terror, los concursos familiares y el sexo sin tapujos. Una España, por fin, a color.

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