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Cataluña se prepara ya para elecciones autonómicas tras la sentencia del Supremo

POSIBLE INHABILITACIÓN DE JUNQUERAS Y TORRA

Tanto desde muchos sectores de los posconvergentes como desde la ‘galaxia’ republicana existe la convicción de que las elecciones son inevitables después de la sentencia.

La posibilidad de celebrar elecciones autonómicas en Cataluña tras la sentencia del 1-O es cada vez más una posibilidad que comienza a ser tomada en serio por todos los actores políticos catalanes. La situación de parálisis del Gobierno de Quim Torra, la posible inhabilitación de este por desobediencia y las tensiones entre los dos socios de gobierno (ERC y JxCAT), que han llegado a votar distinto en las resoluciones del Parlamento, hacen aconsejable una nueva cita con las urnas. Serían las quintas autonómicas desde el año 2010, un síntoma de la desestabilización de la Administración autonómica catalana en estos años.

El exlíder de ERC en el Congreso Joan Tardà explicaba en un artículo de opinión publicado este miércoles en ‘El Periódico’ que “tras la sentencia del Tribunal Supremo, aparecerán otros escenarios. De entrada, la reclamación inmediata de amnistía, que seguro que se convertirá en uno de los ejes de los programas electorales de partidos favorables al referéndum(independentistas o no), ante una convocatoria electoral insoslayable y, creo, imprescindible”.

No es el único que lo piensa. Fuentes oficiales de ERC señalaron a El Confidencial que esa “es una opinión personal de Tardà, aunque él siempre se avanza a los acontecimientos”. Señalan estas fuentes que “como partido, no contemplamos elecciones autonómicas inmediatas”. Pero reconocen que la sentencia puede tener consecuencias drásticas.

“De momento, nadie sabe cuándo puede conocerse la sentencia ni se conoce mucho qué posicionamiento se ha de tener sobre la misma. Ni siquiera sabemos la respuesta que se ha de dar. Lo primero que deberemos hacer es consensuar una respuesta unitaria, como mínimo, por parte de los grupos que componemos el Govern, aunque el frente ha de ir más allá y sumar a la CUP e incluso a los comunes”, subrayan las fuentes.

Aunque esa respuesta unitaria es la prioridad que tiene el independentismo encima de la mesa en estos momentos, no es menos cierto que la convocatoria de unas nuevas elecciones es la bala en la recámara que Torra guarda como solución final a esta etapa. Con la sensibilidad soberanista a flor de piel y el electorado movilizado un 100% tras la sentencia, el independentismo espera sacar tajada en esos comicios y recuperar parte del terreno perdido. Su meta es superar el 50% de los votos para dar otra vuelta de tuerca y justificar una declaración unilateral de independencia (DUI) que se produciría en el Parlamento catalán. Aunque los partidos independentistas están divididos respecto a la conveniencia de utilizar una DUI, los más radicales esperan arrastrar a los más moderados en la loca carrera hacia la separación de España.

Elecciones inevitables

Sea como fuere, tanto desde muchos sectores de los posconvergentes como desde la ‘galaxia’ republicana existe la convicción de que las elecciones son inevitables después de la sentencia. Entre otras cosas, porque Quim Torra puede ser inhabilitado por desobediencia (se negó a retirar las pancartas políticas del edificio de la Generalitat, en un juego con la Justicia en el que parecía que se reía de los jueces) dentro de unos meses y eso sería un golpe mortal al Govern.

Con la inevitabilidad electoral incrustada en la política catalana, ERC y JxCAT se preparan en silencio para una nueva campaña electoral autonómica que previsiblemente llegue a finales del próximo invierno o a principios de la primavera del año que viene.

Ante la posibilidad, ya comienzan a barajarse los primeros nombres de las listas electorales. En JxCAT, maniobra en la sombra el incombustible Artur Mas, que está inhabilitado hasta el mes de marzo del año que viene, pero a quien unas elecciones a comienzos de primavera le encontrarían ya con la habilitación en vigor. Mas se quedaría, así, con las riendas de la política catalana posconvergente dentro de Cataluña y Carles Puigdemont manejaría las riendas de la política posconvergente fuera de las fronteras. Es decir, sería el abanderado de lo que se conoce como ‘internacionalización del conflicto’.

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