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Ayuso tiene una semana para lograr un pacto que le permita ser presidenta de Madrid el 10 de julio

El PP asegura que puede estar listo «esta misma semana» y Cs también lo espera en unos días. Vox calla, aunque sus votos son imprescindibles

El miércoles, 10 de julio, la Asamblea de Madrid celebrará una sesión de investidura sin candidato. Será la primera vez en su historia que esto ocurra. Es una prerrogativa que permite su nuevo reglamento, aprobado hace apenas unos meses, y que de momento le da a Ciudadanos el aire que pedía su líder regional, Ignacio Aguado, que aseguraba estar «muy cerca» de alcanzar un pacto con el PP pero pedía «más tiempo».

El tiempo lo tiene ahora: de momento, hasta el 10 de julio que se celebra la sesión plenaria. Esta supone abrir la cuenta atrás hacia la fecha límite del 10 de septiembre, cuando habrá de haber ya un presidente electo en la Comunidad de Madrid o la región estará abocada a una repetición de elecciones.

A lo largo de esos dos meses, podrán realizarse otras sesiones de investidura de candidatos. Pero no es la única posibilidad: fuentes parlamentarias aseguraban que sería posible pactar, en los días previos a este primer pleno del día 10, los suficientes apoyos a un candidato concreto como para que, presentada la nueva situación ante el presidente de la Asamblea, Juan Trinidad (Cs), éste desconvocara la sesión sin candidato y la sustituyera por otra con quien le demostrara tener esos apoyos suficientes.

Dos candidatos

Durante la ronda de conversaciones con los líderes de los partidos políticos, Juan Trinidad se ha encontrado con dos cabezas de cartel que se postulaban como candidatos a presidentes. Por un lado, Ángel Gabilondo (PSOE), ganador de las elecciones, que contaba con sus 37 diputados y además con los 20 de Más Madrid y los 7 de Unidas Podemos:64 en total. Defendía que esta cifra era, a día de ayer, la más alta de las que reunía ningún candidato. Incluso Íñigo Errejón apuntaba la posibilidad de que Ciudadanos les cediera tres votos para lograr la ansiada mayoría absoluta.

Isabel Díaz Ayuso (PP) contaba ayer con sus 30 diputados y con los 26 de Ciudadanos, pero no con los 12 de Vox, que 24 horas antes aseguraba a través de su líder, Rocío Monasterio, que no votaría a Ayuso si no se conseguía que PP, Vox y Cs firmaran un único documento conjunto con medidas programáticas mínimas para un futuro gobierno. Era su peaje por un pacto en el que, hasta ahora, Vox ha ido haciendo cesiones paulatinamente: ya no exige cargos ni acceso a la gestión de parte del presupuesto;ni siquiera reunirse con Cs;únicamente una firma conjunta de los tres partidos. Algo que Cs no parece dispuesto a darle.

Vistas las circunstancias, Trinidad –tras más de dos horas de intensa reflexión, en la que se vio salir de su despacho a los diputados de la formación naranja Ignacio Aguado y César Zafra– optó por convocar el 10 de julio la sesión de investidura sin candidato porque «ha constatado que ninguno de los dos que se han postulado reúne los apoyos necesarios para una investidura viable».

Activar el calendario

Ante esta situación, la decisión de Trinidad pasa por «aplicar el artículo 182.3 del Reglamento de la Cámara, que activa el calendario de la investidura». Este artículo supone, de hecho, el permiso para convocar la sesión de investidura sin candidato y, sobre todo, abre la cuenta atrás que fija el plazo definitivo de dos meses para conseguir un acuerdo y un candidato con suficientes apoyos o convocar nuevas elecciones.

Este parece un escenario que ningún partido desea, pero que están utilizando como forma de presionar a los contrarios, siendo éstos en este caso los que desean como compañeros de acuerdo pero que aún se muestran reticentes.

Dar aire a PP-Cs

En todo caso, la opción finalmente hecha pública por Trinidad garantiza ese tiempo que el bloque conservador necesitaba como el aire para mantener abierta la posibilidad de alcanzar un pacto de gobernabilidad. Tanto la líder del PPcomo el de Ciudadanos aseguran estar muy cerca de conseguirlo. Díaz Ayuso, de hecho, se mostraba especialmente segura de ello. Tanto, que tras semanas ejerciendo de mediadora –o intentándolo– entre Cs y Vox, ayer se permitió incluso abroncarles por su intransigencia en estas negociaciones.

Por un lado, recordó a Vox que ellos habían favorecido que ahora esta formación contara con un vicepresidente en la Mesa de la Asamblea. Además, insistió, «nos hemos reunido con ellos con luz y taquígrafos; no pueden rechazarnos». Les recordó que suponen sólo un 9 por ciento de los votos y «con eso y la negociación con el PP, podrían hacer muchas cosas» en su primer años dentro de la institución madrileña.

Pero también tuvo palabras de reproche para Ciudadanos: a esta formación le recordó que «Vox no ha beneficiado para nada al PP; el único beneficiado ha sido Ciudadanos, que ahora preside la Asamblea gracias a Vox». Además, f rente a la reticencia del partido naranja a negociar nada con Vox, Isabel Díaz Ayuso les llamó la atención sobre el hecho de que «cada vez que se sientan en la Mesa de la Asamblea, están negociando con ellos, y en una mesa bien grande; esto no puede ser una excusa para decirme que no a mí».

Cs: «Todo abierto»

Ignacio Aguado, líder de Ciudadanos, no descarta de momento ningún escenario: su formación y el PP llevan días negociando, en paralelo, el pacto programático y la estructura del nuevo Gobierno, sin fijar nombres aún, y sin que estén cerrados ni estos dos puntos ni quién va a presidir la región, aseguran en la formación naranja. Algo que, sin embargo, Díaz Ayuso tiene muy claro: sobre la posibilidad de que Aguado fuera el presidente, y no ella, su respuesta fue: «Rotundamente, no».

Ángel Gabilondo, el otro candidato que se postulaba para la investidura, ya había advertido, antes de conocer la decisión de Juan Trinidad, de que aceptaba la «discrecionalidad» del presidente de la Asamblea a la hora de tomar su decisión. No obstante, insistía en ser el que más votos sumaba a día de hoy. Respecto a la posibilidad de pedirle prestados tres votos a Ciudadanos, como propuso Errejón, Gabilondo quiso aclarar que nunca aceptaría «apoyos vergonzantes» que recordaran al nefando asunto del «tamayazo» –que obligó a repetir las elecciones en Madrid en 2003–.

Informa Erik Encinas.

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