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«Articulo de Opinión»Buenismo salvaje en favor de los indígenas

Por Juan Carlos Perez

Siempre la misma cantinela en la radio cuando llevan a una contertulia que va a hablar de su ONG y como se aplican los derechos humanos en el mundo, respecto a las supuestas violaciones con el desplazamiento de tal tribu indígena o la limitación del acceso a fuentes de agua.

Como siempre. Como si fueran tribus índias del oeste de los Estados Unidos, y vivíeramos en el siglo XIX. Mismos argumentos para situaciones que podrías haber escuchado en los años 80 o 60 del siglo XX. Simplemente alucinante, pues el objetivo básico es limitar la capacidad y operatividad de las empresas, en este caso españolas y europeas, en el concierto mundial. Sólo que, después, vendrá la hipocresía y el simplismo y la simplificación, para pasar a adorar a los nuevos dioses tráidos desde lejano oriente. Y hay que poner las cosas en claro.

Europa asume los derechos humanos para sí y para con sí respecto al mundo. Y lo llega a exigir en sus contratos comerciales, llamados tratados. Con los países, pongamos por caso, de la enigmática y salvaje África. Sólo que los países se corrompieron y autodestruyeron después de las independencias. Por su propia mano, de unas élites propias del país. Pero se nos quiere meter el virus de la vergüenza a un imperialismo europeo que no existe, y que tiempo atrás que dió paso a imperialismos más dañinos. Antes que el de otros países, el de sus propias élites, incapaces de generar riqueza y valor añadido, ante occidente, debían mantener los impuestos altos. Por lo que la medida debiera ser bajarlos. ¿Porque? Pues porque la disciplina fiscal ante el desequilibrio en sus cuentas, con pocos ingresos y muchos gastos debía dar solvencia para ver que podían devolver las ayudas, y para eso, sangrar a sus ciudadanos era inevitable, en un circuito cerrado. Pero hay más jugadores. Como por ejemplo … China.

¿Que hace China en África? Pues va donde los líderes locales y les dice … esos europeos malvados os obligan a meter una cláusula de derechos humanos muy exigentes. China no necesita nada de eso, haced lo que os venga en gana. Lo que a China le interesa es la plata, el parné, el dinero. Y listo. Lo que hagáis con vuestros ciudadanos es, como en Las Vegas, algo que no sale de ahí. Y si al inicio es una empresa ruinosa, no os preocupéis, que las empresas públicas del país de orígen subvencionarán y cubrirán las pérdidas de esas empresas ruinosas en África. No como esas empresas europeas, que deben dar beneficios desde el inicio, y dan cuenta a sus accionistas. Y, además, si necesitáis mano de obra, para una presa, por ejemplo, o así, el ejército rojo trasladará un buen batallón de trabajadores para poder hacerlo. El paquete completo, y sin necesidad de ser comunistas. Demonios, si ni siquiera China es comunista. Por lo menos en lo económico, en las cosas de comer. Pero esta actualización no ha llegado a la doctrina de los evangelistas del apostolado desde las ONG que quieren meter la mala conciencia a unos europeos preocupados de su propio futuro, a veces. Y esto debería ser inaceptable.

En este y en otros campos, el nivel de exigencia a Europa y los europeos es tremenda y desigual. Si la mayor contaminante de plásticos de los mares del mundo es China, luego Vietnam y luego Indonesia, se dice, aunque Gretha Thumberg esté todo el día por Estados Unidos, Canadá y Europa, y no se atreva a montar una manifestación delante de la plaza de Tiananmen o ir a exigir a Hanoi o Yakarta. Y lo mismo respecto a los derechos humanos. Excesiva exigencia a unos europeos que ven como China entra en sudamérica con bríos de gran potencia, desplazando incluso a los Estados Unidos (nunca vivió mejor época China que con Trump, su mejor posible aliado). Esos lastres extra a las empresas europeas luego repercute en menor empleo posible, menor recaudación, que luego nuestros gobiernos invierten en sanidad, educación y servicios sociales. Y a la postre acabará la población mirando a Wuhan en el primer aniversario de su cierre y digan: véis, mira que bien hacen las cosas los chinos, debiéramos parecernos más a ellos. Sin considerar este circuito, el hecho de que hay fábricas allí que no desentonarían con europeas del siglo XIX, o que se olvida el tiro certero.

Un último ejemplo. Cuando una empresa europea va a África o Sudamérica, se puede llegar a poner la cláusula de que cada empleado contratado cobre como en el país de orígen, según su sistema de salario mínimo. Dejemos de lado la obligación de contratar nativos tan típica del Golfo Pérsico, para gente que luego estará mano sobre mano en la oficina de la empresa. Cuando esto se planteó en el marco de la normativa comunitaria se puso el grito en el cielo. ¿Como puede ser que un polaco en Francia cobre como si estuviera en Cracovia? Vergüenza os debiera dar, con el supersalario francés. Claro, que cuando una empresa francesa va a Brasil, hay que pagarles a los nativos como si estuvieran en Grenoble o Niza. Con todos los desajustes que eso supone. Y el daño para la empresa, sus accionistas, y el futuro de sus empleados. Dogma sobre la realidad, credo sobre la economía, y cargas sobre el progreso. Y al final un “véis, ya os lo dije”. Sólo que sería una profecía autocumplida. Y eso no puede ser, hay que desenmascarar todo eso. Con mimo, paciencia y precisión. Y ante todo señalar que Europa y los europeos llevan décadas cumpliendo y haciendo cumplir estándares elevados, de derechos humanos, cambio climático y demás. Y el reto de las ONG y personas individuales no está en Europa, sino en ver y hacer ver a los nuevos amos del mundo y el Universo, venidos del lejano oriente, que su camino debe pasar por lo que en Europa se lleva décadas haciendo. Difícil, totalmente. Pero óigan, su camino eligieron, no sean comodones y remolones. El camino a la gloria lleno de pinchos está. Sean consecuentes y tomen el camino asiático de la vida, para impedir el imperialismo en el mundo. El imperialismo del siglo XXI. China. Salud!

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