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«Articulo de opinión» Inocencia, Inconsciencia e Impotencia en tiempos del Covid19

Por Juan Carlos Pérez Álvarez

No pienses lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que tu puedes hacer por tu país. Son palabras de un gran presidente de los Estados Unidos, pero que vienen cargadas de un profundo sentido cívico, aplicable a muchos otros contextos, incluyendo, como no, las delicadas circunstancias en las que nos vemos inmersos en este infausto año de gracia de nuestro señor de 2020.

Y es que no podemos olvidar que el futuro reposa en las manos de todos nosotros, no sólo en las de los ricos y poderosos, no sólo los que tienen responsabilidad, en buena medida porque nosotros hemos depositado esa confianza en esos gestores de lo público, sino que en los derechos reconocidos va una carga de obligaciones con el conjunto, con el común, que se ven reflejadas en las consecuencias inmediatas de nuestros actos. Concretamente, al de entre 10 y 14 días, cuando afloran en forma de contagios, ingresos en UCI, o, lamentablemente, en la morgue y camino del cementerio.

Sería imprudente e innecesariamente injusto juzgar franjas de edad, o lugares, pero está claro que hay inconscientes. Si, es cierto, el elemento del inconsciente puede estar presente, pero no podemos rechazar hablar del elefante en mitad de la habitación que hacemos como que no se ve, como que no existe, como si fuera el Dios del Garaje de Carl Sagan. Y esto es el hecho de que la envidia, las comparativas odiosas, son gasolina para comportamientos irracionales. La base que alimenta el cerebro primitivo y reptiliano que se esconde tras capas de evolución y racionalidad. La que nos dice que si este o aquel puede salir a hacer tal cosa, con amigos, en un bar, en un evento, yo no quiero ser menos, no puedo ser menos. Esa comparativa autodidacta, que cada cual se hace bajo su composición de lugar y su lugar en el mundo, impulsa e impele a comportamientos imprudentes que debemos y podemos erradicar.

Ciertamente no suele ser habitual pensar en el yo, oh, mi yo, mi mismidad, como base del todo. Del que parte la comunidad y la comunión de intereses con los demás. Pero es que cuando hablamos y pensamos en los demás debe partir de uno mismo. Porque si queremos salir de esta bien y entre todos, sólo puede ser si nos protegemos a nosotros mismos. Por lo menos durante un tiempo, en este 2020 no hemos podido hacer lo que queríamos. No hemos podido ir a donde nos ha solido gustar ir, y más si era más allá, no ya de nuestra provincia o comunidad autónoma, y no hablemos de otros países, sino de la comarca, término municipal, barrio, y, en el segundo semestre, ni siquiera poder salir del portal de casa. Si, todo eso ha pasado, lo hemos vivido, lo hemos visto reflejado en nuestras debilidades. Hemos sufrido sus consecuencias. Y lo seguiremos haciendo. ¿Por cuanto tiempo? No lo sabemos. Y ahí estriba la determinación que debemos poner. Cada uno, por todos.

Muchas veces parece que las cosas son lejanas, no importan, no impactan. No tienen consecuencias, o no son visibles, no son directas. O no son conscientes. Pareciera que si se hace un desfalco de dinero público en Malasaña, en Altea, en Triana, en Combarro, Martorell o Almendralejo, como el dinero va a Madrid, y luego se distribuye a las comunidades, en un sistema que muy pocos entienden, y menos quieren explicar, no se conecta con la pérdida de camas de hospital, de plazas de colegio, de infraestructuras públicas, o de ayudas a sectores estratégicos. Esta situación es distinta. Mucho. Porque pone el foco y en el acento en lo que tu haces. Si, hay gente que le culpa al Obispo, al Presidente, a senadores, diputados, pero es que este virus no lee el Boletín Oficial del Estado. Y el transporte que lleva el virus somos nosotros. Por eso se necesita limitar la movilidad y el contacto. Porque es tremendamente contagioso. Y cuanto menos contacto hay, más disponibilidad de tener cortafuegos hay. De frenar su expansión. De minimizar riesgos, lo que lleva a prevenir consecuencias no deseadas. Aquello del platillo egipcio de las buenas acciones sobre las malas. Las causas y las consecuencias. Lo que debemos sacrificar en aras del bien común. Pero si no se piensa en esos, al parecer, anacrónicos modos de pensar, tipo los papeles federalistas o los padres fundadores de la república norteamericana, o, sin ir más lejos, de los tiempos de la transición a la democracia, se puede hacer, siquiera, por egoismo.

Egoísmo, si. No como valor esencial de la convivencia, pero simple y llanamente pensando en uno mismo. Tempus fugit. Cierto. El tiempo se va y no sabemos cuanto tiempo de vida nos queda. El fluir del morir, la vida es un río que desemboca en la mar. Si. Pero eso no implica la imprudencia de hacerlo todo en un día. Dicen que hay días como longaniza. Posiblemente ese dicho haya sido truncado. Pero su esencia sigue en vigor en tanto en cuanto pensando en el coste de oportunidad, las decisiones que tomamos, nos pueden llevar a no hacer cosas que podríamos estar haciendo si no estuviéramos en otro sitio. Si decidimos tomar una cerveza con amigos no estamos en el cine viendo el último estreno. Y tampoco estamos en otro lugar. Sea el que sea. Es duro y difícil, pero darse cuenta que hay que aplazar cosas que deseamos hacer, ver, tocar, es necesario. Para salvarnos a nosotros mismos. Por nuestra propia salud. Por nuestra propia supervivencia.

Si, el Coronavirus existe, y es peligroso. Si, ha habido un problema de comunicación. Solía decirse que cuando hubiera mayor profusión de datos e información la gente actuaría distinto. Varias décadas después podemos decir que aquello no era la clave. El asunto es saber ser capaces de ver el cuadro completo. O una aproximación. Y eso significa ser capaces de metabolizar esos datos en una visión del mundo que nos rodea. Y ante la competencia de nuevos medios, como los digitales, y más con las redes sociales, el lío ha seguido presente. Seguido porque cosas así se han visto en otras épocas, no podemos llevarnos a engaño. Simplemente las consecuencias son más globales. Porque los medios son globales. Lo cual nos debe llevar a no consumir compulsivamente, sino sabernos dosificar los insumos de datos e información, para un justo equilibrio. Como se dice con los nutrientes, respecto a cuando podemos comer legumbres, pasta, arroz, pescado o carne, en el plazo de una semana. Pues con tertulias e informativos, ídem de ídem. Para que no estemos “sobreinformados” o saturados. Lo cual puede llevarnos al agravio comparativo, a sentirnos inferiores y tomar decisiones descabelladas, y sí, irracionales.

Jóvenes, medianos, mayores, y chavales con experiencia de larga data, todos estamos inmersos en ello. Y no por ello debemos dejar de entender que, por un lado, cosas como cerrar la hostelería de manera total puede acabar empujando a hacer botellones en la playa o en pabellones abandonados. Lo cual no quita que la propia gente debe ser juez y parte de sus decisiones. Porque las consecuencias son inmediatas. Pero he ahí el necesario delicado equilibrio entre todos, que marque, por ejemplo, que en la propia hostelería, y en otros, si alguien no guarda la distancia, no se pone la mascarilla, no usa el gel hidroalcoholico, la propia gente, y los responsables de ese establecimiento, sean los que usen el derecho de admisión para hacerle saber a esa persona que o cumple con el compromiso cívico, o será expedientado por el consenso social. Es decir, le dirán que se vaya. Sin necesidad de la coherción de los medios policiales. Eso sí sería un éxito. Porque desviacionistas va a haber. En esto y en todo. Si mañana descendieran extraterrestres sobre el planeta, habría humanos, organizaciones y países que les serían adalides, paladines y aliados. Estoy convencido. Y a pesar de ello, podemos y debemos ejercer como comunidad, en defensa del yo, y luego, del común, de lo de todos.

Pronto, quizás no tan pronto como nos gustaría, pero en términos históricos, una proeza, podremos superar esta dura prueba a nuestro temple y valor. Esta dura circunstancia. Si no te mueve el hecho de cuando pase poder mirarte sin vergüenza en el espejo, hazlo por tus seres queridos, que están en riesgo. Todos lo estamos. Sea la edad y condición que sea. Y ante eso, prevención. Y si no, por ti mismo. Porque sí, llegará el día, en 2021, posiblemente, en que la vacunación y otras medidas nos lleven a dejar esto en el pasado. Y cuando el tiempo pase y se eche la vista atrás, nuestras hijas y nuestros nietos dirán con orgullo que en aproximadamente un año desde la eclosión pública de la enfermedad se había encontrado una posible vacuna y posiblemente una cura, lo cual será visto como uno de los grandes éxitos de la humanidad. Y como pena hemos debido aplazar un año las fiestas populares, como San Fermín, la semana santa sevillana, la tomatina de Buñol y tantas otras celebraciones, que, más adelante, ténganlo por seguro, volverán. Y para estar completamente

orgullosos de nuestro comportamiento en este pasado hoy presente, debemos ser conscientes que, por ahora, no tenemos nada de eso. Ni vacuna, ni tratamiento definitivo, sino prevenciones y precauciones. Si, incluso en navidad. Porque los tiempos son así, y es lo que toca hacer, sentir y sacrificarse. Sin mirar a los lados, sin hacer comparativas. Simplemente siendo conscientes, autoconscientes, no de lo que podemos hacer, sino lo que debemos hacer. Lo que toca hacer incluye restricciones. La mínima movilidad posible. Y estar en contacto sin estar presente, posiblemente. Lo cual es triste y a veces doloroso, pero es mejor pasar una navidad distinta a que sea nuestra última navidad. Piensa que aún hay vida por delante. Y como no todo se puede hacer en un día, haz ahora cosas que no harías si estuvieras libre y en la calle. Para guardar como un tesoro este momento, y poder sentirte bien cuando llegue el momento de salir y volver a disfrutar plenamente del planeta y de lo que en el habita y existe. Hay que adaptarse, para poder sobrevivir y vencer. Los tiempos llegarán. Y ahora toda la determinación, sin mirar a los lados, sin lanzar excusas a terceros, sino siendo responsables, de afrontar el reto del compromiso. Con los tuyos, contigo mismo. ¿Que estás dispuesto a hacer? ¿Ser o no ser? He ahí la duda …

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